El libro negro
Supervivencia en la Holanda nazi
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Alicia Albares


Hacía mucho que no disfrutábamos de un buen thriller histórico… uno como los de antes, aquellos que sabían contarnos una historia con maestría y cuyos actores, rezumando glamur y habilidad, se convertían en el pilar de producciones exquisitamente realizadas y cuidadas. Recuperando el espíritu de aquel Hollywood de rancio abolengo, que sentó las bases del cine actual pero cuya rica influencia ahora parece decadente, Verhoeven se ha atrevido con el género, sin aspirar a romper con las convenciones, pero con la seguridad de ser capaz de componer un filme de gran calidad con las herramientas precisas, quizá no personales pero sí muy bien empleadas.

Y tiene mérito el intento, viniendo de un director desigual, en ocasiones, irregular, pero responsable de películas que todavía hoy encuentran su lugar en la historia del cine más reciente. Porque este holandés, que ha jugado al juego de la industria norteamericana consiguiendo grandes éxitos de taquilla (como Robocop, Desafío total o la polémica, en su día, Instinto básico) ha demostrado que sabe contar, y muy bien, historias de géneros diversos, sin perder algunas cualidades propias que siempre percibimos en sus obras. Ahora, después de una carrera más que correcta en la meca del cine, Verhoeven ha decidido regresar a sus orígenes, como ocurre, tarde o temprano, con la mayoría de los directores europeos que han probado suerte en Hollywood. Así, se pone al frente de una coproducción belga, holandesa y británica, escribiendo el guión y demostrando que, ante todo, sigue siendo él mismo.

Hilvanando secuencias cargadas de dramatismo con momentos de fuerte y refinada sensualidad (motivo recurrente en el cine de este realizador), la película logra sumergir al espectador en el tren de una narración compleja pero no en exceso, donde, con un largísimo flash-back, somos testigos de la vida de una cantante judía holandesa y sus desesperados intentos por sobrevivir a la persecución nazi. Ellis se convierte así en el hilo conductor de toda una serie de personajes bien trazados que se entretejen en una red de conexiones aparentemente inalcanzable que se irá resolviendo lentamente, como ocurre con las mejores cintas del género. Y es que, El libro negro es, ante todo y por encima de todo, una excelente película de cine negro, pero que, además, deja espacio para la reflexión: leve, sutil, poco explotada, pero indudable sobre el origen del odio y de la guerra, la similitud entre vencedores y vencidos y la sensación de que nunca habrá final para el horror.

Quizá sea esta doble cara la peor compuesta, pues el mensaje pacifista que localizamos en su desenlace no parece concordar con el planteamiento general de la película ni con la esencia de su personaje protagonista, una mujer conducida por los avatares del destino, obligada a desapegarse de todo, incapaz de ser fiel a los ideales que parece defender a capa y espada al final.

Más allá de los altibajos de un contenido que es, fundamentalmente, mucho mejor de lo que estamos acostumbrados a ver, la película nos ofrece un trabajo excelente en su forma: magnífico vestuario, que parece componer a los personajes, que sabe otorgarles una identidad que se trunca cuando éste desaparece; la dirección artística, cuidadísima, capaz de construir a la perfección un universo narrativo creíble y realista; la fotografía, que resalta los colores, convirtiéndolos en símbolo de las pasiones y anhelos de los personajes y permitiendo al espectador recrearse en la belleza plástica de objetos, miradas, situaciones.

No se pueden localizar muchos defectos en esta producción capaz de absorber la atención del público desde el primer minuto. Intensidad, sensualidad, intriga política, romance y muerte en equilibrio perfecto con sus intérpretes (excelentes Carice van Houten y Sebastián Koch), que encarnan con maestría sus papeles extremos, movidos por los instintos más esenciales del hombre, en un mundo consumido por la guerra.

* ILUSTRACIÓN ARTÍCULO: Carice-van-Houten, By Thom Hoffman / nummer19 (nummer19) [CC-BY-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/3.0) or GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html)],
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Alicia Albares Martínez, colaboradora de la Revista Almiar, trabaja en la actualidad para varias publicaciones locales del distrito de Vallecas (Madrid): Revista Santa Eugenia, periódico La Quincena, y, ocasionalmente, con la Revista 31, como coordinadora de la sección de cine. Escribe guiones cinematográficos y cuenta con algunos premios literarios juveniles. Estudiante de Comunicación Audiovisual, ha trabajado en cine como meritoria y auxiliar de dirección.
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Revista Almiar (Madrid; España) / n.º 32 / febrero-marzo de 2007
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