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Closer y Million Dollar Baby
dos candidatas a los Oscar

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por

Guillermo Ortiz López



El próximo 27 de febrero se entregarán por 77.ª vez los Premios de la Academia de Cine de los Estados Unidos, los famosos Oscar. De entre las cinco nominadas al premio a la mejor película, en Almiar hemos seleccionado dos: Closer y Million Dollar Baby, dejando las otras tres —Finding Neverland, El Aviador y Ray— al criterio de los lectores.

Closer

¡Qué fácil es enamorarse y desenamorarse cuando uno es guapo! El único requisito está claro: que los demás también lo sean. Y así, Jude Law se puede enamorar de Natalie Portman y luego de Julia Roberts y ésta a su vez desenamorarse y enamorarse de Clive Owen... como la vida misma. La trama de la película se mueve en torno a las relaciones de ida y vuelta de estas dos parejas y sus innumerables cambios de sentido, y si a eso le unimos que dura dos horas, pues lo más probable es que piensen que es un aburrimiento.

Todo lo contrario. Hay historias muy ricas que se quedan en nada si se cuentan mal e historias aparentemente repetidas que brillan con un buen narrador detrás. En ese sentido, el trabajo de guión de Closer es impresionante, así como la dirección de Mike Nichols (El graduado). Los saltos en la historia hacia delante, el movimiento de los personajes, sus diálogos, todo ayuda a que la película mantenga la atención de un espectador que de otra manera saldría completamente harto de tanta ida y venida.

Y con trabajo de guión no me refiero sólo a las frases de los protagonistas sino a todo lo que supone una puesta en escena. En ese sentido, la secuencia de Natalie Portman y Clive Owen en el club de alterne es sencillamente magistral, como para ponerla en las clases de guión: cada palabra tiene sentido, cada gesto, cada mirada... los dos actores andan buscándose y alejándose casi como en un ballet, una coreografía. La película merece la pena sólo por esa escena.

Bueno, la película ya merece la pena desde que aparece Natalie Portman en el minuto uno. Portman no se prodiga demasiado en el cine —prefiere cuidar sus estudios y su formación— pero cuando lo hace nos sorprende una y otra vez. En esta película se «come» directamente a todos los demás y especialmente a Julia Roberts, que debió temblar cuando se enteró de que el papel de co-protagonista correspondía a la «niña prodigio» del cine estadounidense.

Es cierto que el film exige bastante del espectador. Las historias de amor son rebuscadas y muy irreales, con encuentros demasiado casuales y desarrollos inesperados. El cine, la ficción, es así: escoge de la realidad sólo lo que nos interesa. Si en la vida normal una pareja necesita cinco meses para enamorarse —por ejemplo— el guionista sólo tiene cinco minutos de tiempo para mostrárnoslo. De su habilidad depende que eso nos convenza o no. Yo, por lo menos, salí plenamente convencido.

Million Dollar Baby

La película de Clint Eastwood, sin embargo, resulta fallida, larga y absurdamente tremendista. Su guión es la mezcla de distintos relatos de boxeo y a veces no están bien ensamblados, y se nota. En un principio parece que la historia va a ser la de Hillary Swank, una chica de 32 años que afronta la última oportunidad de cumplir su sueño: dedicarse al boxeo. Busca para ello a un viejo entrenador propietario de un gimnasio, que resulta ser Clint Eastwood. Aunque éste se niega en repetidas ocasiones a entrenarla, «no entreno a mujeres», la intermediación de Morgan Freeman y la obstinación de la chica le llevan a aceptar.

Decía William Goldman, prestigioso guionista estadounidense, que es bueno seguir determinadas convenciones «de género» cuando uno narra una historia. Por ejemplo, citaba, si vas a contar una historia de boxeo, lo normal es que el plato fuerte sea el combate por el título. Y, de hecho, hasta ese combate Million Dollar Baby se mueve con cierta agilidad, si exceptuamos alguna ñoñería compensada por el hieratismo de los personajes de Eastwood y Freeman, que repiten los mismos gestos y actitudes que hemos visto en muchas otras películas.

Todo cambia cuando, a más de media hora para el final, acaba el combate. Cómo acaba no se lo voy a contar porque les destripo la película pero baste con decir que los siguientes treinta minutos de película sobran. ¿Cuál es la única explicación que le veo a esta prolongación? Durante una hora y media la protagonista indiscutible es Hillary Swank: ella es la que nos interesa, ella es la que sufre, ella es la que sueña y nosotros estamos ahí para acompañarla en su viaje de ring en ring.

En ese sentido, Clint Eastwood no es más que uno de nosotros sólo que en un puesto privilegiado: él la entrena y la aconseja, y de vez en cuando se atisba lo que ha sido un pasado duro para él tanto personal como profesionalmente. Pero si la película acabara en el último combate, el personaje de Eastwood no sería más que un complemento para la gloria de Mo Cuishle, es decir, la boxeadora.

Pequeño problema: Eastwood no sólo es actor, también es el productor y el director de la película, y, a lo que se ve, no ha querido que su personaje se quede sólo en eso. De ahí que la última media hora, y sin querer ahondar mucho más en la trama, consista en un debate personal de este personaje, que pasa a aparecer en todas y cada una de las escenas de la película como verdadero protagonista.

De esta manera, Clint ha conseguido una nueva nominación como actor principal a los Oscar, pero su película se resiente, y mucho.


Morgan Freeman.0884 by Franz Richter (User:FRZ) - own work (taken with Canon PowerShot A640). Licensed under CC BY-SA 2.5 via Wikimedia Commons.





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