Festival de Cine de San Sebastián (2006), por Guillermo Ortiz López (Artículos en Revista Almiar)

 

 
 


Índice de artículos y reportajes

Cine

Relatos

Música en Margen Cero

Poesía

Pintura y arte digital

Fotografía

Radio independiente

Foro

¿Cómo publicar en Margen Cero?

Página principal
 

 



Un infiltrado en San Sebastián
por Guillermo Ortiz López
 

 

La aritmética puede con Delirious
aunque encumbra a Di Cillo

   
 

Si los críticos son gente extraña, los jurados lo son mucho más. Deciden que una película tiene el mejor guión y al mejor director, pero no la consideran la mejor de las exhibidas. Es más, ni siquiera la consideran la segunda mejor. Dijo Isabel Coixet que los miembros del Jurado no se ponían de acuerdo entre dos opciones y decidieron premiar las dos: Mon fils à moi y Half moon. De Delirious no dijo nada.

Y el problema no es que las dos ganadoras ex–aequo no sean grandes películas, que lo son, aunque demasiado irregulares y con finales, en ambos casos, dudosos, sino que Delirious, de Tom Di Cillo, era la mejor con diferencia y merecía haber ganado. 

Resurge así la polémica en torno a la regla por la cual ninguna película puede llevarse más de dos premios en una misma edición. Pasó hace tres años con Te doy mis ojos, que ganó mejor actor y mejor actriz pero no se llevó el premio a mejor película. Entonces, se apeló a la regla en cuestión y ahora podría volver a hacerse. Es ridículo. Quiero pensar que el Jurado elige primero a la mejor película y luego reparte premios. 

Pensar que Delirious se ha quedado sin Concha de Oro por una cuestión aritmética y burocrática sería una barbaridad, un desastre, una chapuza.

Dos buenas películas, con altos y bajos

Así que mejor pensar que, simplemente, el Jurado pensó que Mon fils à moi, de Martial Fougeron y Half moon, de Bahman Ghobadi eran las mejores películas, y punto. La actuación de Nathalie Baye, ya destacada en anteriores crónicas y reconocida con la Concha de Plata a la mejor actriz, hace mucho por el éxito de la película francesa. Es cierto que la historia del maltrato psicológico de una madre sobre su hijo pequeño cae en repeticiones y redundancias, pero, con todo, mantiene la tensión en el público. 

De hecho, en un momento dado, cuando el resignado padre decide intervenir pegándole una torta a su mujer para impedir que siga atizándole al crío, todo el Kursaal se puso a aplaudir. Sin entrar en cuestiones de corrección política, eso viene a demostrar que el público estaba metido en la película y entregado. 

En cuanto a Half moon, es difícil empezar mejor una historia: pelea de gallos en el Kurdistán iraní con citas de Kierkegaard de por medio, un viaje estrambótico de un músico con sus doce hijos y una serie de diálogos realmente divertidos. Sin embargo, a partir de los cuarenta minutos, la película se estanca, se agota, va envejeciendo como su propio protagonista y fracasa en su intento de raptar al espectador con ataques de lirismo. 

Es la segunda Concha de Oro para Ghobadi, pero mucho menos merecida que en 2004, cuando sorprendió a todos con la divertida, ágil y a la vez cruel Turtles can fly, con el régimen de Saddam Hussein de fondo represor. El premio al mejor actor se lo llevó, sorpren-dentemente, Juan Diego, un excelente intérprete que no entraba en unas quinielas dominadas por Steve Buscemi —una vez más la aritmética— y Ed Harris, sublime en Copying Beethoven.

La penúltima genialidad de Lars Von Trier 

Eso en lo que respecta al palmarés. En lo que respecta al cine, los últimos días de San Sebastián dejaron poca cosa. La citada Half moon, la decente Border post, la historia de un regimiento yugoslavo en la frontera con Albania, en los ambiguos años entre la muerte del Gran Hermano Tito y la descomposición del país y, sobre todo, la divertidísima El jefe de todo esto, de Lars Von Trier. 

Quede claro que a mí Von Trier tiende a aburrirme con su gravedad y su falta de sentido del humor. Un buen ejemplo de hombre que se quiere demasiado. En su paso a la comedia, sin embargo, lo borda. Es cierto que cae en tonterías para llamar la atención como la Automavisión, complejo mecanismo informático de encuadre de planos que soy incapaz de explicar y que dudo mucho que nadie entienda para qué sirve si no es para demostrar el genio indómito de su creador, y la manía de incluirse a él en determinados momentos de la película, cortando el ritmo y explicándonos historias sin ninguna importancia. 

Quitando esos dos detalles, fruto de su ego, nos queda una película divertida, redonda, con un final realmente brillante y que demuestra todo el talento que tiene el director danés cuando no intenta ir de enfant terrible. Muy recomendable, y supongo que pronto en sus pantallas.
 


__________________________
GUILLERMO ORTIZ LÓPEZ es el
coordinador de la sección de cine de Almiar. (Página web: http://www.guilleortiz.com/)

Sigue el Festival en tiempo real: http://bretguille.blogspot.com/

- Crónicas publicadas sobre el Festival: Festival de cine de San Sebastián 2006: Unas explicaciones necesarias l Que se mueran los feos l De David Hasselhoff a Oliver Stone pasando por Matt Dillon l La aritmética puede con Delirious aunque encumbra a Di Cillo

- PÁGINA OFICIAL DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN (2006): http://www.sansebastianfestival.com/2006/es/portada.htm


 


 

 


Revista Almiar (Madrid; España) / nº 29 / agosto-septiembre 2006
MARGEN CERO   (2006) - Aviso legal