San Sebastián vuelve a premiar la sobriedad
en una edición de lujo

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Guillermo Ortiz López


 

En San Sebastián no veremos a Michael Moore clamando contra el capitalismo mientras sus asesores piden dinero a los periodistas a cambio de favores en las entrevistas ni a Hugo Chávez paseándose por la ciudad de la mano de un prestigioso director estadounidense. No, San Sebastián y su Zinemaldi sigue ahí, luchando por la calidad por encima de la publicidad y la excentricidad. Siempre con sus problemas económicos pero sin cejar en ofrecer lo que los organizadores consideran el mejor cine por encima de todo, a veces con acierto y otras veces, menos.

Para que se hagan una idea, el Premio Donostia este año ha ido a Ian McKellen, el fantástico actor británico que sólo en su madurez ha conseguido el reconocimiento de las masas gracias a sus papeles en Dioses y monstruos, X-Men o El señor de los anillos. Después de premios algo descafeinados a actores más mediáticos que otra cosa como Richard Gere o Matt Dillon, se agradece.

Ahora bien, con Ian McKellen no habrá portadas ni televisiones ni dinero en publicidad. Supongo que lo solucionarán con otro premio a alguien más «mediático» que venda camisetas.

La vida es así.

En cuanto a los ciclos de este año, hay una clara descompensación entre la Sección Oficial y la Zabaltegi. Eso no es algo infrecuente, pero este año, al menos de entrada, parece más exagerada. No porque la Sección Oficial no presente nombres interesantes como Atom Egoyan o Fernando Trueba —este último fuera de concurso—, aparte de la tradicional dosis de cine en lengua hispana con Javier Rebollo y Carmen Machi en La mujer sin piano, Álvaro Pastor y Lola Dueñas en Yo también o Campanella y Darín, el dúo argentino más famoso desde Maradona-Caniggia, que vuelven con El secreto de los ojos.

Apunten también Making plans for Lena, de Christophe Honoré, como uno de los posibles elegidos por el Jurado que presidirá Laurent Cantet, director de La clase.
 

Lujo en Zabaltegi
 

Lo que pasa es que los nombres de Zabaltegi eclipsan todo: Quentin Tarantino, con sus Inglorious Basterds, que ya se pudieron ver en Cannes y que en breve estarán en la cartelera española. Además, como invitado de la organización estará Christophe Waltz, verdadero protagonista de la película por encima del mismísimo Brad Pitt. Junto a Tarantino estarán Ang Lee con su irregular Taking Woodstock o Woody Allen, en el pre-estreno español de Whatever works, con el atractivo de ver a Larry David haciendo de alter ego del neoyorquino. Recordemos que Larry David fue co-creador de la serie Seinfeld y en la actualidad triunfa en la televisión americana con Curb your enthusiasm, en la que se interpreta a sí mismo.

No se queda ahí la cosa: fuera de los circuitos más comerciales tenemos a Jim Jarmusch y The limits of control, Michael Haneke, con La cinta blanca y Terry Gilliam con su The imaginarium of Dr. Parnassus. En el terreno documental, presentan obra Michael Winterbottom —no hay Zinemaldi sin el director de 24 Hour Party People— y Tom Di Cillo. El primero con un estudio sobre la llamada «doctrina Friedman» que fue seguida a rajatabla por los regímenes totalitaristas de los 60 y 70 en todo el mundo, y el segundo con una retrospectiva de The Doors.
 

Made in Spain, Horizontes latinos, Richard Brooks…
 

Como todos los años, en San Sebastián habrá sitio para las mejores películas españolas estrenadas a lo largo del año, desde las más comerciales como Fuga de cerebros, a las menos distribuidas como La buena nueva, de Helena Taberna, directora de Yoyes, que pasó un poco sin pena ni gloria por las salas; Tres días con la familia, la premiadísima opera prima de Mar Coll; 25 Kilates, de Patxi Amezcua, con la impresionante Aida Folch de protagonista, ganadora de la sección paralela del Festival de Málaga y de la oficial del de Medina del Campo; y la nueva obra de Juanma Bajo Ulloa, Historia de un grupo de rock, sobre el recién escindido grupo Distrito 14.

Si las novedades no funcionan, entonces no nos quedará más remedio que refugiarnos en el ciclo de Richard Brooks y ver al bueno de Bogart mascar un cigarrillo tras otro o a Elizabeth Taylor y Paul Newman lanzarse las verdades a la cara en La gata sobre el tejado de zinc ardiendo. O eso, o si nos ponemos estupendos, disfrutar del «novísimo cine francés», una muestra de ni más ni menos que 55 películas que van del nuevo surrealismo a la ciencia ficción pasando por el drama social.

Entre los directores invitados a este ciclo, por supuesto, Laurent Cantet, ya sabéis, el presidente del Jurado. Y es que, por encima de todo, San Sebastián es fiel y agradecida.

 

 

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