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Watchmen
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Guillermo Ortiz López


1985. Richard Nixon está en su cuarto mandato y la amenaza nuclear entre EEUU y la URSS ocupa la primera plana de todos los periódicos e informativos de televisión. En medio, la crisis de Afganistán y un grupo de superhéroes que han conseguido cambiar la historia americana: ellos ganaron Vietnam, ellos mataron a Kennedy, ellos tumbaron a Bernstein y Woodword cuando fue necesario.

¿Ellos? No es del todo exacto. Podemos hablar de una escisión: el Doctor Manhattan, una especie de Dios Todopoderoso, capaz de transformar la materia y la energía y de estar en todos los lugares a la vez, y el Comediante, un antiguo luchador por la justicia que se ha convertido en espía y colabora con la CIA en todo tipo de aventuras.

Los dos formaban parte de un grupo más grande: un grupo que desde los años ‘40 implantaba la ley y el orden en las calles estadounidenses, hasta que el propio Nixon decidió cargárselos: los Vigilantes, esto es, The Watchmen.

La película empieza con el brutal asesinato de uno de los miembros de este grupo, el llamado Comediante, interpretado maravillosamente por Jeffrey Dean Morgan, cuyo parecido físico con Robert Downey Jr. es escandaloso. A raíz de ese asesinato las tramas se van desplegando: ¿Quién anda matando ex-superhéroes?, ¿cómo se han adaptado a sus nuevas vidas de ciudadanos normales?, ¿hasta qué punto podrán impedir la inminente guerra nuclear que acabará con el planeta?

Como punto de partida está bien, coincidirán conmigo. Además, hay buena música: Bob Dylan, Leonard Cohen, Paul Simon, incluso la melodía al fondo de Everybody wants to rule the world, de Tears for Fears. Como aventura gráfica —como videojuego— es perfecto. La primera hora es un espectáculo informático: planos imposibles perfectamente programados con un ritmo propio de serie de televisión.

Referencias algo gastadas a los ‘80. Chistes sobre Ronald Reagan que deben de tener unos 30 años ya.

La película mejora cuanto más se acerca a los ex-superhéroes. Sus historias son realmente interesantes, aunque hay más de una pelea gratuita de esas de uno contra quince, que tanto gustan a Tarantino y que obviamente vienen de la Serie B estilo Fu-Manchú. Empeora, sin embargo, cuando intenta abarcar demasiado. Entretener ya está bien. El despliegue técnico es impresionante. Los personajes están bien construidos. Déjalo ahí.

Cuanto más se mete Snyder —director de 300— en el Sueño Americano, los sacrificios y crueldades de la guerra o las revelaciones estruendosas tipo «Luke, yo soy tu padre», más se aburre el espectador. Cuanto más explican, menos claro queda. Watchmen podría ser una excelente película sobre superhéroes que en realidad son personas. O al revés. Podría ser un excelente retrato de los ‘80 y un interesantísimo ensayo de historia-ficción sobre lo que podría haber sido si...

Sin embargo, algo les dijo al guionista y al director que eso no bastaba. Probablemente, algo que estaba en el cómic. Lo desconozco. No es lo mismo contar algo en miles de páginas de viñetas que contarlo en una película por mucho que esta dure dos horas y media largas. Sólo los títulos de crédito ya ocupan más de diez minutos. Nos interesa la negación del pasado de Daniel, la persistencia y dureza de Rorschach, la inteligencia de Ozy, la soledad brutal que conlleva ser un semidios para Jon/Dr. Manhattan, la búsqueda de referentes paternos que se ve en el frágil personaje de Sally... Todo eso nos interesa. Las bombas nucleares, menos. Las moralinas, menos aún.

Ronald Reagan, prácticamente nada.

Si son capaces de obviar eso y dejarse llevar, la disfrutarán. Si no, pasarán la última media hora bufando. Conózcanse a ustedes mismos y decidan.


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Guillermo Ortiz López
, coordina la sección de cine de Almiar.
Páginas web:
· http://www.guilleortiz.com/
· http://bretguille.blogspot.com/

ILUSTRACIÓN ARTÍCULO: WatchmenBloodySmiley, By Kigsz (Own work) [CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons.





Revista Almiar (Madrid; España) / n.º 44 / enero-febrero de 2009
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