La primera puerta


FOTOGRAFÍA: Carmen López León ©

Cruza esta puerta y...
escribe



TEXTOS PUBLICADOS: Carmen López León · Luis E. Mejía Godoy · Ramón Cabrera Naveiras · Montserrat Montano Pascual · Issa M. Martínez Llongueras · Rosy Paláu · Nahum · Consuelo · Ana · Miguel A. Cabrera · Luis A. Henríquez Lorenzo · Lidón M. · Guillermo Ortiz · Fer · Zuly Rivas


Más allá de mi puerta, el pasillo aparece extrañamente iluminado. Se diría que hay que dejarse traspasar por este haz de luz blanca que viene no se sabe de donde para poder alcanzar la salida, al fondo.

Tengo miedo, sé que esa zona iluminada supone una amenaza. ¿Por qué no se ve a nadie más en el pasillo?. También sé qué me espera más allá, esto no es más que una prueba, un instante de angustia que pasará enseguida, y, después, la seguridad, la paz para siempre.

Un paso más, la punta de mi pie derecho ha invadido ya el espacio luminoso, una corriente de energía asciende por la pierna, que comienza a desprenderse, ingrávida, se trasmite al brazo que también flota, llega a la cabeza: todo es luz dentro de mi cerebro, luego, vacío y todo se funde en negro. Y estoy al otro lado.

Esta vez no pienso volver a reencarnarme...

Carmen López





Parece una trampa de los sentidos... Aprieto los ojos para distinguir mejor, a lo mejor es un sueño... Veo la luz en el pasillo pero ésta no coincide con la puerta que al fondo supuestamente está abierta...

Como he tomado la decisión de cruzar, no me queda más remedio que imaginar que del otro lado estará sin duda, esperándome, oscura o iluminada, la respuesta. De todas formas, no es ni la primera vez, ni la primera puerta.

Luis E. Mejía Godoy (luislucy[at]cablenet.com.ni)




Pablo está seguro de no haberse dejado ninguna bombilla encendida. ¿Para qué? Por eso le sorprende y le molesta, al regresar a casa, el haz de luz que sale de su dormitorio e ilumina el pasillo vacío. Pero cabe la posibilidad de que al marcharse antes su hombro o su mano accionaran casualmente el interruptor sin advertirlo. Sí, eso es lo que debió de ocurrir. Tantea el camino con los brazos extendidos, como siempre, y entra en su cuarto. Nada de lo que ve es como creyó que era. Todo le resulta extraño y hostil, y siente miedo. Angustiado busca a la izquierda el interruptor, palpando la pared, para dejar el piso a oscuras. Lo encuentra, comprueba que en efecto ha de subirlo, lo hace, y el haz de luz desaparece. Respira tranquilo. La luz, piensa, ciertamente puede resultar intolerable para el que es ciego de nacimiento.

Ramón Cabrera Naveiras (rcnaveiras[at]hotmail.com)


Ahora se cumplen cuatro años desde la primera vez que se abrió aquella puerta. Es la puerta de tu dormitorio, la que yo tanto tiempo tardé en abrir por mí misma, sobrecogida por el significado de este gesto.

Había abierto muchas otras más en tí antes de llegar a ésta, física y de madera.

Detrás de la puerta estaba tu dormitorio, tan abierto al jardín. Era otoño e hicimos el amor por primera vez. El tiempo transcurría a través de la copa con arbustos que hay en la repisa de la ventana y que proyecta su sombra en la pared, a los pies de la cama. Siempre minutos de oro y de luz, y la respiración de tu alma que lo llenaba todo y alentaba en mí.

El mundo continúa girando fuera y esto es lo que hay detrás de tu puerta.

Montserrat Montano Pascual (mmontano[at]pharma-consult.es)





Parece corto el camino para llegar a ti, trémula, inquieta, avanzo.

El haz de azogue me revela tu presencia, sé que eres tú, te intuyo a contraluz. Sólo un paso para cruzar el umbral, para al fin hacer tangible tu carne a mis manos. Tanto te he necesitado, tanto te he anhelado…

Y ahora… tengo miedo. Desando mis huellas que horadaran la irradiación del pasadizo. Antes de que sea tarde; he escogido la otra puerta…

Issa M. Martínez Llongueras (ceramica65[at]yahoo.es)



Apenas abrió la puerta, la luna amuebló su casa de espejismos. Se dirigió a tientas por el oscuro pasillo. Entre los papeles apilados sobre la mesa encontró la llave y abrió el cajón. Sobre el terciopelo brilló el arma. La escudriñó largamente. Los latidos de su sangre invadieron la habitación. Alguien se movió en la oscuridad, alguien que en un segundo resplandeció en el aire. Él se arrojó a sus pies y desplomado en su abandono, se atrevió a decir:

—No tengo valor para creer en el milagro.

—Arrepiéntete, yo te lo doy —respondió una voz cercana al silencio.

El hombre se puso trabajosamente de pie.

—El sueño no impone condiciones.

—Entonces, le replicó, emitiendo un destello, deja que te salve de tu propia invención.

No. Respondió. y un soplo de viento cerró la puerta.

Rosy Paláu (rosyaltamirano[at]hotmail.com)


La noche se desgrana en guijarros monótonos para cubrir el piso de esta habitación atávica. En una de las esquinas se intuye al sol temeroso, agazapado en su aliento para evitar el desdén nocturno.

Ni la luna ni la sombra llegan al festín, siguen vagando bajo la humedad reptante de tu lengua.

Y tras la puerta, una de tus miradas teje senderos para comunicarme con tus muslos.

Nahum (prosternar[at]hotmail.com)



No me digas que te gustaría cruzar esta puerta. El pasillo, tan impersonal, frío, se parece a todos los pasillos de todos los hospitales, o clínicas y sanatorios del mundo. Y lo que te espera detrás, corazón, es la inmensidad de la miseria humana; el cuerpo dolorido, los párpados entreabiertos sobre los últimos rayos de la vida, y el alma ya dormida.

No me digas, amor, que quieres cruzar esta puerta.

Consuelo (ssab568005[at]aol.com)



La luz que delimita los bordes es un aviso: "no esperes tanto, adáptate a lo que tienes, tus horas, tus días, las líneas de tus manos. No esperes tanto... Quizás eso que esperas no sea mejor que la suerte ya echada". Pero soy un animal humano y todavía la esperanza no me cabe entre los ojos. Y voy... y abro...

Ana (orual16[at]hotmail.com)



En octubre, antes siempre recuerdo tu puerta. Era azul. Al abrirla dijiste, como si comenzaras tu historia:

«Este es mi mundo».

Me confundió tu voz y tuve miedo.

Ahora, cuando corro de mi mismo, detrás del río, busco tu puerta. Y sufro con mi miedo sin encontrarla. Tal vez, ya no es azul. Tal vez te quedaste en tu mundo, como yo en el mío.

Miguel A. Cabrera (migly[at]adinet.com.uy)



Sí, te parece obvio, lo sé, meridianamente, nítidamente obvio: la luz que se cuela debajo de la puerta -esa suerte de corrimiento de luz contenida en lados oblicuos y perfectos- te recuerda con alguna precisión la forma de una pierna: una pierna luminosa y rectilínea, exacta.

Pero ¿y la luz que pueda quedar contenida dentro? Sí, también sé que desde siempre temiste entrar a los espacios iluminados: como si el ponerte en evidencia, a la vista de muchos o de todos, fuera lo más parecido a pasar delante de un notable espejo a pleno sol: sí, tu rostro -en realidad todo tu cuerpo, para qué negarlo- puesto en palmaria evidencia.

Sólo que ahora dudas, también lo sé, ¿querrías entrar? Y es que sientes unas ganas nuevas, fuertes, sorprendentes...

Luis A. Henríquez Lorenzo (luishenriquezlo[at]hotmail.com)




El primer recuerdo que me queda de la infancia es el de múltiples pomos. Inaccesibles, como soles brillantes a la espera de que yo, pequeña ícara voladora, levantase las alas hacia ellos.

Luego se convirtieron en cerrojos, que no podía abrir de ninguna manera, indescifrables, complicados, misteriosos. Y cuando me hube convertida en sumisa esclava de mi habitación, se fueron abriendo... como cajas de Pandora llenas de secretos y suciedades. Esperándome, y una vez atravesadas, dejándome encerrada tras ellas. Confundiéndome y haciéndome olvidar el camino.

Un día, tal vez solo hoy, decidí que sólo hay pomos y bisagras expectantes a que las manipule.

Lidón M. (kulturartmail[at]yahoo.es)


Estaba tan interesada en que mirara que me acerqué sin demasiada convicción, con un poco de miedo incluso. Llevaba tantos años cerrada. Al abrir, una tormenta de polvo cegó mis ojos. Sólo al rato conseguí verlo. Petrificado, intenté llorar, agarrarme al pomo, balbucear un grito de ayuda, salir de ahí en un suspiro. Pero no pude. Ella tenía razón: soportarlo era tan difícil como atrayente.

Cuando conseguí abrir de nuevo la puerta respiré tranquilo y me sacudí el polvo de la chaqueta. No volvería a entrar ahí: la peor maldición que puede recibir un hombre es tener ante sí mismo la imagen que los demás tienen de él.

Guillermo Ortiz (schnier[at]wanadoo.es)


Parada frente a la puerta me detengo y pienso que abrirla es siempre un paso a algo nuevo, cualquier puerta puede significar un nuevo desafío.

Entrar en la luz o la oscuridad que ella pueda guardar... y al cerrarla detrás nuestro estamos listos para la que sigue... ¿o no?

Fer (mfmelaj[at]hotmail.com)



De pronto me levanté, de mi profundo letargo. Cuánto tiempo habría pasado ¿un segundo, mil años? Salí de ese cuarto estrecho hacia un pasillo de sombras, que en otro tiempo me hubieran parecido tenebrosas, pero ahora son parte de mi entorno, mi vista se adapta a ellas, mis pies no tropiezan, más allá diviso la puerta que también es estrecha como el cubículo donde me encontraba, he despertado de mis sombras, debo traspasar la puerta, por un momento dudo, ¿iré hacia la luz o hacia las tinieblas? Mi cuerpo es liviano, me vuelvo y miro mi materia petrificada en su lecho de muerte, la manija gira, la puerta se abre.

Zuly Rivas (Zulyrivs[at]aol.com)


(Esta puerta estuvo publicada hasta el día 9 de noviembre de 2003)


Las puertas anteriores (leer textos ya publicados...):


1 Fotografía: Carmen López León

Fotografía: Pedro M. Martínez
2
3 Pintura de Nick Harris Pintura de Paul Cezànne 4

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8


Puedes leer nuestra valoración de las colaboraciones recibidas
hasta la entrega n.º 5 por PUERTAS y por AUTORES.


Cruza esta puerta... y escribe, es una sección
ideada y coordinada por Carmen López León
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ANTERIORES SECCIONES PUBLICADAS DE ESCRITURA COLECTIVA:

PINTURA VIVA · PON COLOR A LAS PALABRAS · CRUZA ESTA PUERTA Y ESCRIBE · CUÉNTANOS UN VIAJE EN... · PÓQUER LITERARIO · PÍDELE AL MAR UNA HISTORIA · LA TIENDA DE ANTIGÜEDADES · ESPERANDO EN... ·
PRETÉRITO FUTURO: TIEMPO PARA ESCRIBIR




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