La segunda puerta


FOTOGRAFÍA: Pedro M. Martínez Corada ©


Cruza esta puerta y...
escribe



TEXTOS PUBLICADOS: Carmen López León · Consuelo · Nahum · Mistery · Susana Duro Rodríguez · Antonia de J. Corrales · Consuelo · Riforfo Rex · Básico · Guiomar · Pilar Romano · Guillermo Ortiz · Carme ·
Santiago Rebella · Issa M. Martínez Llongueras · Carmen Herrera Mora · José Manuel González · Alicia Martínez · Juan Carlos Márquez



Tengo seis años, acabo de llegar al pueblo con mi familia como todos los veranos, de vacaciones.

Corro a casa de la tía Pepa. La tía Pepa fue niñera de mi padre y ahora vive en una casita baja al final de la calle. Su puerta siempre está abierta, cubierta por una cortina de dril grueso que la protege del calor y del sol.

La tía Pepa teje capachos y sombreros de palma y me regalará un cestito y una pamela adornados con cintas azules.

Pero hoy, la puerta está cerrada y la cortina recogida a un lado. Empujo, aporreo y la llamo a gritos para que me abra. Nadie responde.

Regreso a casa cabizbaja, mi madre, que ya ha sabido la noticia, trata de consolarme diciéndome que la tía Pepa se ha ido a tejer sombreros para los angelitos en el cielo.

Yo me he dado cuenta, por primera vez, de que la muerte es el silencio tras una puerta cerrada.

Carmen López



Bastaba con empujar la puerta para encontrar sentado detrás al abuelo. Él no podía andar se apoyaba en un bastón y en una silla, arrastraba sus pies como si fueran de trapo, pero nunca estaba triste. La abuela lo cuidaba y trabajaba y tampoco nunca la vi triste, no tenían nada y sin embargo lo tenían todo, amor, comprensión, paciencia; esa solidaridad de la que tanto se habla y que no es fácil encontrar. Cruzar esa puerta era, entrar en un pequeño paraíso. Ellos, mis abuelos, siempre me acompañan, dejaron su huella en mi alma.

Consuelo - fontbel[at]yahoo.es


Para presenciar una puerta es necesario correr una cortina, ya de luz, ya de sombra, pero hay que completar un preámbulo. Las antesalas brindan siempre la ocasión de releer nuestras intenciones, de considerar más a fondo la pared en que irá a estamparse la decisión una vez que la hayamos echado cuesta abajo. Ahora, antes de untar los dedos en la aldaba, malabareo las consecuencias:

Si decido entrar, puedo colgar la piel en el perchero, dejar que las babuchas reúnan estos pies desgajados, permitir que el sofá me abrace y consuele por llegar con las manos vacías.

Si no entro, puedo ir otra vez a buscarte, a pedirte que me dejes colgar la piel en tus dedos, que me empapes las manos con la luna que guardas bajo el vientre y tomes mis brazos para bordar una noche.

Entrar o no entrar, tus dedos o el perchero, mis manos vacías o lunificadas... decisiones difíciles cuando el alma es la cortina que hay que correr y dejar atrás.

Nahum - prosternar[at]hotmail.com



Apenas una pared ¡y cuantos sueños! Un lienzo de madera protegido, encubierta su cara por un cortinón de lana, !y cuantos secretos! Un cuadrado oscuro entre las cales, (una ventana), ¡y cuánta vida!

No voy a traspasarla. ¡Ya no!, me da respeto.

Contemplo sonriente esos cables, que cruzan ondulantes e imperfectos encima de las hojas de mi puerta y me asombro.

Ya no es el tiempo que esperaba, ni el recuerdo que esperaba, ni el sentimiento. Tenía miedo, tenía ansia, tenía angustia.

Y de repente, nada ha cambiado en mi cerebro. Soy yo, la misma, la niña, la dueña. La dueña de todo lo que soy tras de esa puerta, la dueña de mis gentes, y sus brazos, la dueña feliz de mis muñecos, mis gatos, mis flores y mis libros.

Y ya no quiero entrar, ya sigo adentro.

Mistery - jmoraldel[at]airtel.net



Me quedé mirando silenciosamente la puerta sin atreverme a trasponerla. Hacía tanto tiempo que esperaba este momento y ahora que podía ver lo que había detrás, dudaba.

Escuché ruidos en el interior, murmullos y pasos apurados. Alguien se acercaba e intentaba abrirla. Retrocedí unos pasos y me quedé clavada en el piso, sin poder ni siquiera parpadear.

La puerta crujió, se movió un poco, finalmente se abrió...

Allí estaba la tía Sara, la que me estará esperando seguramente en un lugar de Orense. La que dejaron mis abuelos para venir a la Argentina y nunca más volvieron a ver. La tía Sara que me escribe con letra apretada y temblorosa y que no entiende, nunca entendió por qué la separación. Por qué nunca pudo abrazar a mi madre...

Alguna vez, Galicia, podré cruzar el umbral de esa puerta...

Susana Duro Rodríguez - sduro[at]arnet.com.ar



Su abuela quiso que fuese cura: «Los curas cuidan a los parientes», decía. Su padre que se licenciase en Medicina: «Un médico en la familia es un lujo» Su madre un buen hijo que le diese muchos nietos que la mimasen. Su esposa que fuese marido, amante, amigo, confesor y un padre perfecto. Sus hijos le exigieron la comprensión infinita que nadie tiene. Sus nietos un abuelo sin achaques al que no tuviesen que cuidar. Pero, él sólo era un ser humano, por ello, aquel día, tras abrir la puerta y verlos a todos esperándole en torno al fogón para celebrar la cena de navidad se emocionó y olvidó, una vez más, todos y cada uno de los reproches que había escuchado durante años.

Antonia de J. Corrales



Detrás de la puerta estarán esperándome mis amigos Pepe, Rafi, Nacho y Paco, el de Utrera. También estará el Faraón, mi amor, el cantaor. E Inma, mi hermana.

En la mesita, nos esperan las copas de manzanilla, y llevo un clavel rojo
en el pelo . Dentro de unos minutos tendré que bailar.

Pero me duelen los pies y el calor es insostenible. No puedo más. Se me cae el abanico.

Me mareo, me mareo. Y todo se acaba. Tinieblas, noche eterna. Aire, aire, por favor.

Hasta que a lo lejos una voz se echa a cantar, y al oír la melodía vuelve a latir la sangre en mis venas: «Faraón, amor mío, abre la puerta pa que podamos bailar al aire libre».

Y cantar, todos juntos, Pepe, Rafi, Nacho y Paco el de Utrera, Inma mi hermana, y tú, Faraón. Mi vida.

Consuelo - ssab568005[at]aol.com



La vieja manta que hace de cortina se recoge gentilmente a un lado invitando a entrar. Pero este gesto amable es desmentido rotundamente por el austero, rígido y repintado portón.

Hay vida en esa puerta, pero es una vida que ya pasó y que quedó olvidada del tiempo y del progreso de las cosas. Tal vez la puerta misma, en último gesto heroico de supervivencia se volvió fotografía, poniendo a salvo su enigma en el amplio infinito de lo posible.

Riforfo Rex - rperez[at]dis.ulpgc.es



Crucé la puerta y vi la maleta. Él la cogió y me dijo que no aguantaba más, que todo aquello era insoportable. Salió y la puerta se cerró dejándome a mí dentro.

Donde antes estaba la puerta, ahora hay un tabique: yo no quiero volver a salir; él no va a entrar más: sólo quiero estar solo.

Básico - basico20[at]hotmail.com



Era un trabajo embrutecedor, infrahumano. De espalda rota y sabañones infectados. Salía de allí con el alma quebrada y corría hasta tu barrio. Bajaba tu calle, llamaba a tu puerta… Pero tú nunca estabas.

Guiomar - guiomar[at]club.lemonde.fr



Sabía que cuando la manta estuviera recogida, dejando ver el picaporte en actitud casi reverente, significaba que había llegado el momento de entrar. Y aunque el interior estuviera algo oscuro, ella estaría allí. Ella, a quien nunca había permitido salir, aún sabiendo que me sobreviviría, acopiando luceros y madrugadas.

Golpeé la puerta apenas con la sombra del puño, la puerta se abrió y algo extraño transitó por mis venas. Tomé aire y sentí que estaba preparada para responderle. Sabía porqué había hecho cada cosa que había hecho; me arrepentía de muy pocas. Podía explicar mis actos y sus preguntas no me harían sucumbir. Cuando la vi —me vi— (yo sabía que sería yo, sentada en una pequeña curva adolescente), quedé, sin embargo, casi muda, casi vacía. Su mirada todavía limpia me preguntó claramente, inexcusablemente, por los sueños, a los que ella había abierto la puerta y yo fui dejando de a poco en el camino.

Pilar Romano - mariadelpilar[at]arnet.com.ar



Como ayer. Como mañana. Los cuadros colgados de las paredes tras una cortina de humo. Las manos que se abren, las pupilas que se dilatan y se contraen, el silencio y esa mujer mirándome fijamente desde su silla.

El primer día que entré pensé que era el último. Ahora tengo miedo de no volver más con lo que eso significaría. No quiero ser el de antes, lo tengo muy claro. Un revólver espera en la guantera del coche.

El hombre que se acerca. El dinero que cae sobre una mesa y se queda erguido como una montaña. El silencio. Las manos que se abren. Las pupilas que se dilatan y se contraen como las velas de un barco a la deriva.

Guillermo Ortiz - schnier[at]wanadoo.es



Cruzo esta puerta y me veo a mí misma de aquí a unos años. Más vieja, más serena y satisfecha de la vida que he llevado. Retirada con mi amor a un lugar recóndito y tranquilo. Sin prisas. Sin planes. Simplemente viviendo y saboreando las cosas más sencillas. Hijos y nietos vienen cada verano a zarandear agradablemente nuestra paz.

Cruzo la puerta y pienso... ¿me giro?

Carme - carme1969n[at]yahoo.es



Si cruzo la puerta, encuentro al silencio meciéndose en una silla, tejiendo un sueño para mi garganta, mirando fijamente mi destierro, como si de un ruego se tratara, si cruzo esa cortina, el silencio que me apaga gritaría, ensordeciendo el crujir de la madera, encontraría a mi abuela en su rutina, y yo seria un fantasma que se asombra, recorriendo la memoria que me aplasta, paseando mis promesas por Comala, intentando comprender porque la puerta no se cierra y la cortina no me veta la mirada. Si me atreviera a encontrarla, a esa casa, yo respiraría un viento que me hiela, y mis alas, que de todo desesperan, no permitirían un repliegue tan sincero, un descanso tan añejo, sin luz potable que beber de la ventana, esa puerta no me habla, solo insinúa una lenta y seca retirada, una siesta triste en el invierno.

Santiago Rebella - Santiago_rebella@hotmail.com



Vengo desde lejos, desde un futuro que te es ajeno, forastero.
Porque mientras corría por un mundo incierto, tú, imperturbable
con tu corazón de roble, custodiaste mis recuerdos.
De acuerdo, he venido por ellos. Ábrete, déjame entrar.
….
¿Por qué callas impasible refugio de mis remembranzas?
Óyela, me está llamando con su llanto de niña, con el abandono de esa
madre que se difuminó en un eterno adiós.
¿No te das cuenta de que me necesita?
Permíteme consolarla, decirle que el tiempo curará su herida.
….
Te asiste la razón al no querer acogerme.
Mientras tú resguardabas su inocencia, yo, me olvidé de ella.
Es tarde para querer abrazarla.

Issa M. Martínez Llongueras - ceramica65[at]yahoo.es



Después de vivir intensamente, llegas a conclusiones, que no esperabas en tu juventud, las vivencias más sencillas son las que más te llenan la vida, cuando queremos hacer muchas cosas tan diferentes es para no escuchar nuestro interior, para no darnos cuenta que no estamos haciendo lo que nos gustaría hacer y con quien nos gustaría hacerlo, pero somos tan cobardes muchas veces que no nos atrevemos a planteárnoslo y nos dedicamos a salir, a desconectarnos de los pensamientos que nos cuestionan nuestras vidas, y así empieza la huida de nosotros mismos, cuando te das cuenta ya ha pasado media vida, y entonces quieres recuperar el tiempo perdido, y ¿cómo lo consigues? NO HACIENDO NADA.

Pruébalo, y dime algo, estoy estudiando este estado de ánimo.

Carmen Herrera Mora - GALAXIA_2003[at]HOTMAIL.COM



La llamó y no respondió.

La volvió a llamar y no respondió.

La fue a buscar y no la halló, había desaparecido sin saber cómo, no se lo explicaba, no sabia como había podido esfumarse sin haberla visto, sin haberla sentido, sin notarlo.

Abrió la puerta y salió a la calle, por si podía encontrarla, anduvo y anduvo de un lugar a otro del pueblo y no la encontraba, no la conseguía encontrar, no sabia cómo pero la había perdido, había perdido su alma, que jamás volvería a encontrar.

José Manuel González González



La puerta estaba allí, justo delante, esperando a ser abierta, llevaba horas mirándola. Pero ella no tenía la llave. Estaba encerrada a la fuerza en un pequeño cubículo, habitación o Chambre a Bonne o como se quiera llamar.

Sólo hacía unas horas que había entrado y ahora no podía salir. Violada y amenazada de permanecer encerrada de por vida, raptada por un desconocido. Ella lo observaba como dormía, tuvo que esperar mucho antes de que el agresor se durmiese, pero el peso de su cuerpo no la dejaba casi moverse. A su lado, una botella vacía de licor que sirvió horas antes para dar fuerza y valentía al violador. Pensó en agarrarla y estrellarla contra la cabeza de aquel ser detestable, pero el miedo a que despertase y no salir nunca más de allí la obligó a no actuar. Con una lentitud y parsimonia propia del instinto de supervivencia, consiguió levantarse y sin hacer el más mínimo ruido, buscó y encontró las llaves de la puerta y consiguió abrirla, tarea larga y difícil. Sigilosamente cerró la puerta tras suyo y salió corriendo sin mirar atrás. Obviamente, hay puertas que nunca hay que cruzar.

Alicia Martínez - aliciamm2003[at]yahoo.es



El alpinista miró una vez más la fotografía, se despidió de sus compañeros y dejó atrás el campamento en plena tormenta. Un viento helado silbaba y los copos caían tan deprisa que le impedían vislumbrar la cima, aunque le parecía hermoso. Subía penosamente, apartando a manotazos la nieve que intentaba colarse en su pasamontañas, la misma que al caer ayudaba a sepultar sus huellas. Subía y notaba que los dedos, la nariz y las orejas no eran suyas, que le abandonaban, que una parte de él se iba durmiendo, que estaba soñándose. Pero no dejaba de subir. Sentía que le faltaba el aire y que una prensa le apretaba el pecho.

Pero continuaba subiendo. Giró a la izquiVerdana, entre dos rocas, y, al fin, logró ver la cima. Estaba más cerca de lo que pensaba, tan cerca que casi podía tocarla con las yemas de sus dedos dormidos. Estaba tan cerca que ya estaba allí, en medio de las nubes. Estaba tan cerca que ya casi no estaba cuando sacó de un bolsillo la fotografía y se puso a mirarla.

Cuando, muchos años después, le encontraron entre las nubes aún la seguía mirando.

Juan Carlos Márquez - jkmarkez[at]yahoo.es


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Esta puerta estuvo publicada
hasta el día 7 de diciembre de 2003


Las puertas anteriores (leer textos ya publicados...):



1 Fotografía: Carmen López León

Fotografía: Pedro M. Martínez
2
3 Pintura de Nick Harris Pintura de Paul Cezànne 4
5



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7



8


Puedes leer nuestra valoración de las colaboraciones recibidas
hasta la entrega n.º 5 por PUERTAS y por AUTORES.


Cruza esta puerta... y escribe, es una sección
ideada y coordinada por Carmen López León
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ANTERIORES SECCIONES PUBLICADAS DE ESCRITURA COLECTIVA:

PINTURA VIVA · PON COLOR A LAS PALABRAS · CRUZA ESTA PUERTA Y ESCRIBE · CUÉNTANOS UN VIAJE EN... · PÓQUER LITERARIO · PÍDELE AL MAR UNA HISTORIA · LA TIENDA DE ANTIGÜEDADES · ESPERANDO EN... ·
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