Los desordenados amores del bibliotecario

No tienes, es verdad, las caderas de Ana, su cuerpo exuberante y peligroso como una jungla. Tampoco, corazón, los perfectos pezones inaccesibles ochomiles de Elena. Nunca podrás competir con Isabel, dulce y estilizada... aburridamente perfecta. Volvería a matar por el pubis dulce salitre de Olaia. Lo tenían todo, Úrsula vida mía, menos tu nombre, musical... definitivo.

© Aster Navas (2006) - Revista Almiar - Volver a página inicial