CONTRALUZ

A Adriana González Botero

Ella insistía en que añil era el color de la fortuna. Yo, cauto, la veía parda. Su potente voz no fue suficiente para convencerme, ni sus racionales argumentos matizaron el tono. De pronto, ella me condujo con sutileza hacia la luz. Y entonces mis ojos, acostumbrados a las sombras, vieron por una milésima de segundo la claridad directa que los tornó ciegos.


© Aymer Waldir (2005) - Revista Almiar - Volver a página inicial