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Imagínate el sol espléndido
Imagínate el sol
espléndido.
Como un león tendido sobre el cielo.
No ruge. Sólo brilla. Intensamente.
Rabiosamente el día soleado.
Las playas, recostadas en sus curvas.
Imagínate…
A decenas de amadas a la espera.
Con sus manos exactas, sus muslos y sus risas.
El vértigo del mar lleno de abismos.
A decenas de amadas que me aguardan.
Con su estructura corporal de senos y pájaros.
Con sus labios que vienen a reinventar la gloria.
Con ostras y con dátiles escondidos.
Con cabellos que han sido trenzados para mí.
Imagínatelas con triángulos y con curvas.
Con sus vientres fecundos en que sembrar semillas.
Imagínatelas.
Imagínate entonces cuánta pena
por lo que no tendré.
Contemplo una sonrisa.
Las piernas. Las maneras de esa sonrisa.
Contemplo la emoción
crecida contra mí.
Memorias súbitas de rostros en que sostuve
la ilusión del amor definitivo.
Imágenes impresas sobre el ala
de un gran deseo inconsolable…
Stop. Párense aquí,
imágenes impresas sobre el ala
de un gran deseo inconsolable.
Párense aquí. Stop.
Detengan su aguijón que me envenena.
La sangre enamorada que me habita
querrá gritar su grito bajo el sol
espléndido. Para el amor, sí, para las playas.
La sangre que no sabe de silencios, de pausas,
de opciones contra la arquitectura de mis huesos.
Silencio. Párense aquí.
Deténganse, recuerdos.
Mi sangre enamorada parece que dormita.
Tengo una calma extraña. Deténganse.
Imagínate el sol espléndido.
Pues bien. Es como si esa renuncia fuese cierta.
Verdad. La veo tan posible. Libertadora.
Como si siempre hubiese estado.
Silencio. Pausa. Deténganse. Silencio.
Más allá de las curvas y los triángulos.
Más allá de los besos. Más allá del deseo.
Más allá de las ostras y los dátiles.
Como fiera agazapado.
Yo sé que Dios
me trajo a mis diecisiete
Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente,
volver a ser de repente
tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios,
eso es lo que siento yo
en este instante fecundo.
(Violeta Parra)
Yo sé que Dios me trajo a
mis diecisiete
el vértigo de un dulce amor silencioso;
y Dios se lo llevó, lo mismo que viene
la dicha de la vida a durare tan poco.
A veces pienso en él, distante ausente. Y a veces
me pregunto qué calles por que no anduve
me fueron alejando de ese amor breve.
(Jesús tras los cristales, sobre una nube,
contemplaba la escena: ese amor de nieve…)
O qué gestos por amputados
faltó que yo mostrara a mis diecisiete,
para acercarte a ti, amada, hacia mis brazos…
Dios desbaratador, Dios en quien se puede
Olvidar los amores con los que amamos,
no Te pido ese amor muerto en la corriente
del tiempo que nos pasa (ningún amor pasado
mueve molinos);
mas sí Te pido una certeza contra todas las sombras
y sobre los escombros que la lucha me traiga.
Si quiero respirar contigo y vayamos juntos
será para llegar a pesar de mis naufragios,
más allá del recuerdo que se agolpa
repleto de deseos y amadas que no tuve.
Apiádate de mis traiciones:
un ansia que me sube
como suben las olas
inconteniblemente,
que todas las inundaciones
llenan mis recovecos
de senos y de labios
inconteniblemente.
Abriríamos para amar…
Pero Dios, Tú me lo quitaste.
Y luego, todos.
Quédense aquí, pues.
A base de mis furias
o mis dientes
y tus designios inescrutables.
________________
Luis A. Henríquez Lorenzo
(Arucas, Gran Canaria).
Licenciado en Filología Hispánica, profesor de Lengua y
Literatura española y educador en centros de atención a
menores. Estudios de Filosofía y Teología. Simultanea su
quehacer literario (poesía, narración, artículos
periodísticos, ensayos…) con la militancia sociopolítica
y cultural en diversos movimientos sociales y
organizaciones solidarias, fundamentalmente desde claves
de inspiración personalista.
Asimismo, participa activamente en cursos y seminarios
sobre filosofía, teología, literatura, filología, arte,
ética y política, historia del movimiento obrero,
historia de la Iglesia y de los movimientos sociales,
relaciones Norte-Sur y espiritualidad militante
cristiana.
Cuenta con colaboraciones (poesía y prosa) en la prensa
insular canaria, en revistas culturales y literarias
(impresas y digitales) y en diversas antologías. Sus
cinco últimos títulos publicados son:
*Las cuatro estaciones de Gea (colección
literaria Para las veladas de Monsieur Teste, Las
Palmas de Gran Canaria 1999).
*Como árbol plantado junto al río
(publicaciones del Excelentísimo Ayuntamiento de Arucas,
Gran Canaria 2001).
*Cantada
por labios infantiles (Museo
Canario, colección literaria «San Borondón», Las
Palmas de Gran Canaria 2003).
*Huye,
pájaro, al monte («colgado» en
la sección de libros digitales de
lawebdefelix.iespana.es, 11-04-2006).
*Bajo
tu tienda, en tu montaña santa
(colección «Surco Sur», Las Palmas de
Gran Canaria 2007).
Contacto con el autor
Ilustración: Fotografía de Pedro M. Martínez Corada
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