Mujeres en los árboles
por María Aixa Sanz

XX piensa que a veces dice muchas tonterías. Una ristra infinita de tonterías. Habla por no callar. Por no oír su voz interior y cuando por fin calla y deja que salga su voz interior que es la voz que entiende a la razón y al corazón, a los dos por igual, y es la voz verdadera de los deseos, cuando la oye, se asombra de lo que en verdad desea pues nada tiene que ver con todas las tonterías que predica a lo largo de los días. Sí, a veces piensa que sería mejor tener más tiempo la boca cerrada. XX no sabe si la verborrea es virtud o defecto de las mujeres pero piensa que todas tienden a hablar demasiado, tienden a no saber tener la boca cerrada. Parecen mujeres en los árboles, sí, en los árboles, como esos pajarillos que no paran de piar en todo el día y que como ruido de fondo acompañan la existencia. Las mujeres hablan y cuando hablan un tanto por ciento de lo que sale por su boca son mentiras, todo para no oír la voz interior. Todo por no asustarse de lo que en verdad desean. Quizás la única verdad que sale de su boca es cuando a escondidas le llaman: «Amor» a su amor. Tal vez es la única ocasión en que son sinceras. ¿Por qué cuántas veces plantadas con los pies bien firmes sobre la tierra se han preguntado si la existencia que viven es la que conocen y no hay más, no hay otra? ¿Si existe otro tipo de vida para ellas en alguna parte? ¿Si hay otros yos que tengan vidas completamente distintas a las suyas en otro lugar? XX imagina a veces que ella es ella, pero hay otra ella en algún lugar que es madre de tres hijos y que lleva una vida muy familiar y también sabe que hay otra ella que es ingeniera náutica y trabaja entre mástiles y cascos de barcos. Y a veces le da una especie de locura y cuando oye piar a los pájaros se subiría a los árboles, porque no se callan al igual que ella pero teme que si sube pueda encontrarse con la vecina de enfrente, con su mejor amiga, con su madre, con su tía, con la mayoría de mujeres que conoce y teme ese momento de sentarse en una rama poblada y mirar a una de esas mujeres a los ojos y que ésta le verifique lo que ya sabe que en realidad todas ellas son mujeres en los árboles difíciles de atrapar y cuando las atrapan es con ardides aunque no sabe si conocen que se dejan atrapar, que los ardides, las engañifas, las tretas, las ven venir pero en hacerse las locas en eso tampoco nadie las gana, son en todo momento conscientes de toda clase de ardides pues al fin y al cabo ellas fueron las que los inventaron, y hablan para no oír su voz cuando les dice en un tibio susurro: «Todo es mentira, no te creas nada», por eso meten tanto ruido de fondo, por eso al amanecer ya hablan y al anochecer también. Puesto que todo es mentira. Una gran mentira y a las primeras a las que mienten es a ellas mismas. Eso es lo más triste, lo descorazonador, por ello XX se queda de pie frente a un árbol, mirándolo de hito a hito, sin atreverse a subir, y así un día tras otro, una hora tras otra. Esperando no sabe qué.

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María Aixa Sanz (España, 1973), escritora valenciana. Tiene publicadas las novelas El pasado es un regalo (2000), La escena (2001), Antes del último suspiro (2006) y Fragmentos de Carlota G. (2008). En mayo de 2008 publica el ensayo El peligro de releer, recopilatorio de los artículos literarios, con los que colabora en diversas revistas de España y Latinoamérica. En junio también de 2008 la Editorial Séneca publica el libro La escritura del no que recoge sus artículos más importantes junto a los de una decena más de escritores profesionales. Ganadora de varios premios de narrativa breve, relato y cuento en distintos idiomas.

Web de la autora: http://mariaaixasanz.blogspot.com/

Ilustración relato: Fotografía por Pedro Martínez ©


n.º 54 / septiembre-octubre 2010