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Juan Pablo Bustamante
Ruido

 

 

I



Los demonios están gritando en mi ventana,
quieren que los deje entrar y yo los estoy esperando,
pero no sé porqué soy incapaz de abrirla.

Cuántas veces rogué que vinieran a buscarme,
cuántas veces lloré para que me quemaran
con su aliento fétido y su saliva ardiente,
y hoy no puedo abrir la ventana. Por qué tengo miedo,
por qué de repente
esas ganas tan patéticas de aferrarme a la vida.

Los demonios gritan
y las malditas sábanas de mi cama me tranquilizan.
¡No quiero que me tranquilicen!
Solamente quiero provocar ruido.
Ruido al caer. Ruido al asfixiarme. Ruido al sangrar.
El ruido del agua mojándome los dedos, en silencio.

Estoy desnudo y no tengo frío. Por qué.
Puedo escuchar perfectamente el sonido de los carros,
la bulla en la esquina de mi casa,
los ronquidos de mi papá quejándose de no poder dormir,
el silencio de mi mamá viendo su novela en la televisión,
mi hermana masturbándose,
mi hermana haciendo su tarea de la universidad
y mi pregunta de siempre:
¿Cómo puedes escribir con las manos húmedas?

Mis manos están húmedas y no es por masturbación alguna.
Es por el humo de los demonios.
Porque tengo miedo y no puedo dejar de fumar.

Es momento, entonces, de abrir bien los ojos.
Los demonios se están yendo.
Sus juegos de cartas se están extinguiendo.
Regresa la tranquilidad.
Quizá ahora sí pueda abrir la ventana,
respirar,
provocar ruido.




II



Es tarde. El bus está partiendo.
Los restos del desayuno ya los botó mamá.
Mi hermana regresará en la noche y mostrará sus calificaciones.
Papá nos contará lo que leyó en el diario.
¿Y yo?
¿Tendré el valor suficiente para abrazarlos
y decirles que los quiero sin quererlos
y caminar fumando no sé qué pero fumando?

Abro la puerta. Saludo. Me escondo en las sábanas
con la ventana abierta.
Yo soy el único demonio que existe.
Puedo provocar ruido.


 

 

© Grupo Suicidas (2010)
Ilustraciones: Fotografías de Pedro M. Martínez ©