PRESENTACIÓN

MIEMBROS

ACTIVIDADES

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RELATOS
PUBLICADOS
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Isabel Gallego Rubio Vuelve a casa

Cristina Aparicio La ciudad de los artistas

Raúl Roldán García La mar tenebrosa

Pedro M. Martínez Corada La colección

Raúl Roldán García El jardín de la luz de la noche

Marcelo López-Conde Alonso La firma

María Yuste Pastelitos de miel

Carmen Gómez Menéndez Conversaciones con el diablo

Juan J. Vico Sampedro Revelación

Raúl Roldán García Los durmientes

Pedro M. Martínez Corada La gordita

Isabel Gallego Rubio El deseo de Celia

Raúl Roldán García El endemoniado

Catalina Hernández Noriega Para un astronauta






Presentación

En estas páginas hemos publicado las obras seleccionadas de entre las que se escriben en el Taller Literario que se reúne todos los meses en el Café Comercial*, de Madrid, y cuyo ambiente y trabajo de sus integrantes fue descrito tan acertadamente por Fernando Velasco, uno de sus miembros, en la introducción al libro Cuentos de El Comercial, publicado con el apoyo de Margen Cero:


«El Café Comercial, del que esta colección de cuentos toma el título, es uno de los pocos establecimientos de Madrid que conservan un ambiente que no debe distinguirse mucho del de los famosos cafés que durante la segunda mitad del siglo diecinueve y la primera del veinte constituyeron el centro de la vida social, artística y literaria de la capital. Nadie que conozca mínimamente Madrid desconoce su existencia y raro es el que no ha tomado allí alguna vez un café o una cerveza, e incluso raro es también el que desconoce la fama de hoscos de que gozan sus camareros. Aparte de esta casi legendaria antipatía del personal, la común opinión es que se trata de un local en el que se reúnen intelectuales, y más que intelectuales, aspirantes a serlo, o peor aún, gentes que se creen serlo, esnobs en su mayoría. Éste era al menos mi parecer hasta que hace un par de años empecé a reunirme allí de manera más o menos regular con los autores de los relatos que se recogen en este libro.

Siendo el motivo de las reuniones nuestra común afición a escribir, confieso que en principio sentí una cierta prevención, pues aunque hace ya bastantes años que la literatura y los libros ocupan la mayor parte de mi tiempo libre, y también no poco del de mi trabajo —puedo decirlo sin miedo a que mis superiores se enteren, ya que están demasiado ocupados ganando dinero para poder dedicar tiempo a la lectura—, siempre he sentido una fuerte animadversión por todo tipo de hipocresía y engreimiento, y en especial por la que afecta a la actividad intelectual.

Acudí por tanto a las primeras reuniones con una actitud un tanto suspicaz. Cuando se aprecia algo con sinceridad, como a mí me ocurre con la literatura, resulta muy desagradable tratar con gente que participa en ello desde una postura engañosa, gente que valora más la apariencia que la esencia, y que pretende únicamente sacar provecho, aunque sólo sea el de una presunción ingenuamente narcisista. Pero pronto se disiparon esas susceptibilidades, y lo hicieron, lógicamente, al ir conociendo a estos tres autores y sus obras, pero también al ir conociendo el ambiente del Café Comercial. He de reconocer que mi primitiva opinión sobre el local no carece del todo de fundamento, pues efectivamente hay siempre algún cliente de afectado aspecto y aptitud, e incluso no es raro ver de vez en cuando a algún figurón de las letras nacionales ejerciendo ufanamente de tal, pero el ambiente no es ni mucho menos tan espeso como uno puede concluir tras una visita esporádica, la clientela es mucho más variada de lo que se puede pensar, y lo más común son gente que se cita allí, a los que se ve por lo general alegres de hacerlo, formando grupos que, si prestas atención, puedes apreciar, en muchos casos les une un motivo o afición concreta. Además, la fama de los camareros, o bien era falsa, o bien en los últimos años han pasado por una drástica reconversión, pues lejos de manifestar siquiera frialdad en el trato con el parroquiano, en la actualidad resultan enormemente amables y serviciales, siendo capaces de acordarse de la última consumición de un cliente aun después de transcurrido un mes de ausencia, puedo dar fe de ello.

Así, esas reuniones que como digo temí en un primer momento que resultaran un bodrio repleto de pedantería y presunción, pronto se convirtieron en agradabilísimos encuentros en los que no sólo he ganado unos buenos amigos, sino también he aprendido mucho, y no sólo sobre literatura...».

* (A partir de 2013, el Taller Literario se viene reuniendo, también, en otros cafés, igualmente de Madrid. Si quieres participar con nosotros escríbenos un correo; te informaremos lo antes posible).