Diario de un viajero
por

Víctor López Pérez-Fajardo


LAGO TURKANA
(Kenia)

04.06.1985

A las 7 h vamos hacia el bus. Lo hemos hecho bien pues más tarde habríamos tenido problemas con el sitio. A las 8 h salimos. Han subido algunas mujeres con un olor indescriptiblemente poderoso. Son turkanas. El trayecto comienza siendo ascendente y verde, luego va tornando en colinas diseminadas, para hacerse al fin seco y semidesértico, los cauces de los ríos, sin agua; me imagino las dificultades para pasarlos en época de lluvias. Casi al final vemos bastantes dromedarios y burros semisalvajes; todo está plagado de hormigueros que parecen chimeneas. A las 13,30 llegamos a Lodwar; aquí encontramos a dos chicos blancos:

—Where are you from?

—From Spain, from Madrid.

—Entonces vamos a hablar en castellano, ¿no?

Qué casualidad, son españoles y viajan con un camión. Están acampados en el lago, en Eliye Springs, son los que han hecho el reportaje de Sudán en la misma revista Viajar en que publicamos nosotros El Desierto de Atacama. Les pedimos que nos lleven con ellos al lago, pero después de pensarlo nos dicen que no, no sé por qué razón. No problem.

No sin esfuerzo conseguimos más tarde transporte en un Land-Rover por 20 Sh. a Kalekol. Vemos antílopes en el camino. Estamos a 3 Km del lago, intentamos ir pero desistimos y regresamos al lodge local: 25 Sh., un calor asfixiante, más viniendo del sur, pero nos preparamos el tenderete fuera de la cabaña. Como cordero o cabra y un gran pescado como un besugo gigante. Una ducha de agua caliente o sea del tiempo, partida de damas y las estrellas primero después la luna llena y el viento se encargan de velar nuestros ojos esta noche. A veces los perros nos torturan con sus ladridos y aullidos casi de lobo.

05.06.1985


Hay un chico alemán que nos ha hecho un plano para ir al lago. Nos ponemos en camino y de inmediato el sol deja sentir su peso; caminamos por la carretera hasta llegar a un puente pasada la especie de oficina de la factoría de pescado que hay en este poblado. Dejamos a nuestra izquierda un palmeral, pasando por debajo del puente giramos a la izquierda; la tierra está resquebrajada en su sequedad, pero nos metemos en una zona en que debajo sentimos una gran bolsa de agua, lo que nos hace volver y rodear más el área para acercarnos a los flamencos que hemos divisado con los prismáticos. Por encima de nosotros vuela una bandada de aves que creo que avisan con su griterío de nuestra cercanía, puesto que según me acerco para fotografiar los flamencos se alejan. Ya se divisan a lo lejos, en frente, como bordando la bahía, el lodge y el poblado turkana. El mar de jade hace honor a su nombre con su verde poderoso. Tenemos que cruzar en balsa por los cocodrilos; en la otra orilla vemos hipopótamos con su constante baño, los turkana están pescando. La bebida del lodge está deliciosamente fría. Debemos de llevar cuatro horas caminando.

Nos bañamos a pesar del riesgo de Bilarzia y después en el poblado montamos un número pues reparto caramelos. Regresamos de la misma forma. El lodge está montado para ricos, los turkana están hechos una pena y el camino entre el palmeral un agobio. Nuestros saludos se mezclan con los de la gente que vuelve al poblado, todos erguidos, las mujeres llevando el peso, los hombres con su banquito y bastón. Jambo, Jambo Sana, Misuri Sana. Nuestra cabaña de nuevo; hay un chico italiano que se llama Stefano y lleva varios meses en la zona. Buena comida, ducha, lavo ropa y la noche estrellada de nuevo.



De tus haces luminosos
mi mirada colgabas
                                en el lago Turkana
Y hacia el Norte y Poniente
sin querer comprenderlo
                                en Illil se centraba
El ensueño en arrobadas situaciones
                                se transforma
Y mi pulso de agilidad
                                se encanta
desvaneciéndose en sí mismo
Ensimismado en la flaqueza
que a veces el pasado guarda.


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