Diario de un viajero
por

Víctor López Pérez-Fajardo

SANAA
(YEMEN)

19.10.1992

He tenido una tos de cojones y me despierto a las 7 h hecho polvo; paso de ducha, me afeito, equipaje y desayuno. Pagamos al egipcio director del hotel, más falso que un rial de madera. A las 8 h salimos con dirección a Sa'dah; la carretera está asfaltada pero hay bastante tráfico y un poco loco como suele ocurrir en estos lugares, casi al empezar hemos estado cerca de una buena galla. La primera foto la tomo en la ciudad de Beni-Meimun. Pasamos después Amran, antes, en Jaff, paramos en casa de Yahya, nuestro driver; tiene diez hijos que se van empujando por la edad. Nos da hospitalidad en la planta alta de la casa, la baja canta a tigre. La estancia es amplia, luminosa y cómoda y nos ofrece pan con aceite y riquísima miel, casi sin querer nos la comemos. Su abu, se sienta con nosotros y los quiquillos observan, delante sentados los niños: el mayor, el más cercano, luego las niñas; les doy caramelos. Hablamos, bueno, Nur habla con ellos y nos traduce, sobre diferentes cuestiones, una de ellas, como siempre aquí la más importante, la jambia (1), la que porta él vale 60.000 riales, la de su abu 15.000. La suya tiene la muerte en su cuenta y es de una sola pieza su hoja. Las nuestras están formadas a partir de alguna parte de los tanques, pero de dos piezas sobrepuestas. Viene otra persona con Kat (2) y Yahia le compra por valor de 600 riales, una cantidad considerable. Damos a los niños 40 riales que rápidamente liquidan en dulces. Casi todos tienen alguna enfermedad en los ojos. Continuamos camino, hemos pasado bastantes controles, de gente armada hasta los dientes, pero esto es normal aquí en cualquier pueblo, incluso nosotros llevamos en el coche un Kalasnikov (aquí le dicen Rusiya o Lasinkov) y una pistola con las cuales nos vamos familiarizando. Yahia nos cuenta la posibilidad de conseguir mujeres somalíes o etíopes en el Sur, en Al Khawkhah (Jauja suena algo fabuloso, recuerdo la tierra de Jauja) y en su fabulación también sería fácil para Nur una mujer yemenita por ser él árabe.

El camino continúa y pasamos Hüth donde tomo fotos y compro fósiles por 20 riales. Aquí deberemos desviarnos a la vuelta para ir a Shaharah; los pueblos se suceden con sus construcciones encastilladas, plagados de almenas. Pueblo de guerreros. Hacemos la comida, de una espléndida carne, justa de cocción, envuelta en papel de aluminio y rodeados de gente armada. Nos cuenta de enfrentamientos constantes entre pueblos cercanos o del robo de un coche en el Mareb a unos turistas, seguido del intento de recuperación del mismo frustrado por la muerte de los cinco policías que se lo proponían, con el consiguiente contraataque y muerte dada a los beduinos ladrones. Hay tantas anécdotas en una tarde que a veces se me olvidan. Llegamos a Sa'dah, nos alojamos en el hotel AlMamoun, por 400 riales, en una habitación limpia, confortable y con el baño dentro. Después vamos al mercado de armas Suk At Talh, como a quince kilómetros, aunque funciona hoy sábado llegamos tarde y las transacciones han terminado; los puestos se asemejan a lo que he visto por televisión de Pakistán, en la frontera afgana y cierto es que la gente también. No nos permiten las fotos, apenas una que puedo tomar a un muchacho que se ofrece. Javier compra dos cartucheras tipo canana. Regresamos, relax, ducha, le hemos estado haciendo al Kat, pero hoy no me pone bien, así que me paso al cubata de güisqui. Paseo por el mercado, atravesamos antes otra Bab Al Yemen para llegar y fijamos posiciones con una alfombra iraní para mañana. Compro jarabe para mi tos, últimas copas.

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(1) Jambia o daga jambiya: cuchillo o arma blanca.
(2) Kat: brote de un arbusto. Se ensaliva en la boca y es estimulante.


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