Diario de un viajero
por

Víctor López Pérez-Fajardo


BAJA CALIFORNIA (Méjico)


30.07.2004

En este extenso viaje por el Pacífico de varios meses, no se podía soslayar ese área tan primada por la naturaleza que es Baja California y hacia allí nos dirigimos mi amigo Eduardo y yo atravesando el Mar de Cortés; hemos tomado el ferry Santa Rosalía la tarde pasada, viajamos en salón primera y dijimos adiós a Guaynas desde la cubierta con fuerte olor a gasoil y con el vuelo de los pelícanos recortando una luna casi llena.

Acoplarme a dos sillones ha hecho que los sueños hayan sido entrecortados, pero al fin y al cabo algo se ha dormido. Las luces del amanecer me sorprenden y subo a cubierta, primeras fotos del día, gente embebida por la salida del sol, viene Eduardo con café caliente, ya se vislumbra la costa y Santa Rosalía, arribamos a las 7 h. una hora más tarde, que resulta ser una más de reloj aquí en Baja California Sur. Nos está esperando Bernardo (ranger mejicano), más tarde nos enteramos que por equivocación está desde ayer, está con una chiquita, creemos que será su hija, es amable y dispuesto, salimos sin mucha demora, pasamos la zona de antigua explotación de cobre de Santa Rosalía (hoy cerrada y como posnuclear). El paisaje se convierte en grandioso, tomamos altitud a través de muchas curvas, cactus, coladas y rápidamente verdor por doquier, paradas fotográficas. Bernardo nos aconseja ir a la reserva del borrego cimarrón, nos acercamos y es un acierto, la llevan la gente del ejido cercano y están muy organizados (cabañas, centro de interpretación), nos ofrecen charla, un poco de pizza con chile verde y café. Sobre la mesa manuales para aprender inglés, están orgullosos de su trabajo, cuernas de venado y borrego como decoración. Potentísimos binoculares 16 por 120 que nos ponen en la mano Las Tres Vírgenes (1.974 m.) altitud máxima de Baja California y el cono perfecto del Azufre (me recuerda al volcán Licancabur, en Chile) adosado a ella y continuando por la Sierra del Agujerito también vemos la Sierra de la Reforma. Tienen controlados unos 500 borregos y ésta misma mañana han visto un grupo de diez, el lugar sería para quedarse y subir las Tres Vírgenes, unas cinco horas me comentan.

Pero continuamos camino, voy un poco amuermado pero espabilo al pasar la Sierra de San Francisco, más tarde paramos a la entrada del Oasis de San Ignacio, Bernardo compra dátiles y nosotros higos. Gran palmeral con visos tunecinos. Atravesando el desierto del Vizcaíno llegamos a Guerrero Negro, ciertamente desparramado, dejamos a la chiquita abriendo una valla con candado y al fin la oficina de COMANPN (los de parques nacionales mejicanos) donde el subdirector Ramón (aguilucho y práctico) nos encamina esta tarde a regresar a la Sierra de San Francisco y a dormir en el campamento del Berrendo, cosa que hacemos. Regreso a San Ignacio y nos encontramos en la desviación, pista de tierra y ascendiendo por un paisaje con variedad de cactus, algunos de flor roja, arriba con la perspectiva de la altura parece que hubiéramos ascendido por lengua de glaciar rocoso que rompe en el desierto, espectaculares los cirios con sus blancas flores (que recuerdan a lobelias en las Montañas de la Luna). Camino tortuoso con cañones inmensos y abismales. Ya pasando la escalera que sube a la Cueva del Ratón, patrimonio de la humanidad, parezco transportado al año pasado a Cova Remigia y el Maestrazgo en España. Paramos en el centro de interpretación, las cabañas han sido construidas por la cooperación española del proyecto araucaria, continuamos hasta la cercana población de San Francisco de la Sierra, con su iglesia parecería de cartón. Cuota de 35 pesos y Antonio de Jesús Arce Altamirano de catorce años será nuestro guía hasta el abrigo de las pinturas rupestres. Distancias geográficas lejanas, arte rupestre cercano. Le dejaremos donde nos indica al terminar de ver los abrigos, en el pasado proyecto de cooperación. Y bajamos la sierra ya todos cansados por el largo día y el traqueteo del vehículo, vamos directos al campamento del berrendo, dunas que se apoderan de la tira de asfalto, al fin llegamos. Hace fresco y nos recibe Facho, también está Ramón. Nos ubican en una caravana y charlamos programa para mañana a Bahía Ascensión y a la isla del mismo nombre.



Ramón y Bernardo se despiden y vamos con Facho a ver los primeros berrendos en la puesta del sol. Él forma parte importantísima del proyecto, con trabajo de campo e investigación, análisis y creación de esquemas, tal cantidad de información, como que conoce los nombres de los 130 berrendos conseguidos y todo su historial y circunstancias, les dio biberones, observo sus apareamientos, sus heces, ayudó a construir los corrales, etc. Orgulloso de su trabajo, está aquí con sus hijas y esposa, ellas de vacaciones.

Manzanilla, bollo con manzana y el saco defendiéndonos del frescor de la noche. Duermo muy bien.


CONTACTAR CON EL AUTOR: vlopezfajardo[at]hotmail.com

Fotografías: Víctor López Pérez-Fajardo © Derechos reservados
Revista Almiar (Madrid, España) / n.º 37 / enero 2008
MARGEN CERO™ (2008) - Aviso legal

PORTADA l EXPEDICIÓN AMÉRICA 500 l FOTOGRAFÍA l REPORTAJES