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La muerte llevaba
vendas en los ojos

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José Geraldo Neres


Traducción:
Adolfo Ruiseñor (México)


I

La muerte llevaba vendas en los ojos. Grandiosa voz domadora de los desiertos –mi corazón— combatía a los ángeles. Era el niño en su caballo blanco. Atravesaba los espejos; andaba descalzo sobre las tumbas de las almas perturbadas; bebía la sangre de las sombras en un cáliz tomado de la voz de un cuervo, del lecho profundo de un dios olvidado. La muerte tenía los ojos de ese dios, hacía de él su casa. Corría por las venas como humareda y cruzaba la ciudad y sus torres de sangre; vendedora de milagros.

El deber en los callejones y callejas, un ángel traza una jeringa. En aquella prisión de vidrio ellos viajan con otros dioses. Descubren el útero del tiempo. Encuentran el poeta que vive en el abismo.

II

María no consigue más evocar el rostro de su madre. Cuando alguien pregunta, da siempre la misma respuesta: ¡Mi madre es la calle!

María, doce años. Carga una muñeca, regalo de Natal. Pero la miseria no le da tregua; el hambre tiene rostro antiguo dentro de María. La virginidad tiene su valor. El sudor de aquel hombre le corre por el cuerpo. El sol es un puñal. Rehace su rostro. Corta el alma. Él lloro, él gritó, y ningún ángel para escuchar. Ninguna lágrima.

¡Hoy ella almorzó!

José usa la muñeca para limpiarla. La sienta a su lado. Llora.

—¿Qué fue? ¿Por qué está llorando? Guardé un poco de comida para usted.

III

Un minuto. La encrucijada. Árbol de ramas retorcidas y frutos sueltos. A los pies pedazos de pan, un espejo, una vasija con agua, una madeja de lana, una victrola. Una pequeña con un mazo de naipes en las manos. Ella cubre el espejo con pequeños pedazos de pan. Toma una carta y la escudilla. Mira para los dos objetos. Zambulle la carta. Comienza a moverse de un lado a otro. Gira, gira. Retira la sombra dentro de la sombra, arrastra el silencio para dentro de la vasija. Eleva las manos, las juega para lo alto. El agua cae en la madeja de lana. Cada milímetro de la madeja conduce a otro laberinto. Con un rosario de carnes la pequeña coge niños sin sombras.

IV

Está surgiendo un silencio nuevo cada día, y siempre surge ese abismo que ronda las sombras blancas del papel. El disparo de un ángel sádico quebró mis alas. —Madre; hoy no escuché su bendición; siento una risotada cortar el aire.

En el lecho profundo de un dios olvidado la muerte llevaba vendas en los ojos.



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José Geraldo Neres (Garça - SP, 1966). Productor Cultural, poeta/escritor, guionista, dramaturgo, co-fundador del Grupo Palavreiros (poetas y escritores de la ciudad de Diadema/SP), arte-educador, actual coordinador de Comunicaciones y Webmaster de la web PALAVREIROS. Co-editor de la revista electrónica Poética Social. Asociado de la UBE – Unión Brasileña de Escritores. Asesor de Literatura de la Secretaría de Cultura del Municipio de Diadema (ciudad que pertenece la región metropolitana de la grande São Paulo).
Libros: Outros Silêncios (previsión de lanzamiento: marzo de 2006), Ambrósia (inédito), Terras Ocultas (inédito), Pássaros de Papel (bilingüe: portugués/español, inédito).

Web del autor:
http://www.palavreiros.org/josegeraldoneres.htm

ILUSTRACIÓN RELATO: Pintura por Carmen Nieto © (Ver exposición de esta autora en Almiar).