Cuatro problemas filosóficos que a nadie le preocupan y una historia de brujas recibida en mi bandeja de entrada

por

Antonio García Francisco
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Amables y pacientes lectores, quisiera ante todo disculparme por tan larga ausencia de este rinconcito de mi incumbencia en Margen Cero. Excusas no han de faltarme: que si el trabajo..., que si los impuestos..., que si la abuela fuma..., que si el sol daba de frente, señor agente... lo que hace falta es que la benignidad y, si me apuran, la caridad de quienes me leen, me otorguen el don de su clemencia.

Pero el caso es que ya estamos de nuevo aquí, un poco aterrizando, pero siempre buscando algo nuevo para presentar. Y hoy venimos filosóficos: problemas filosóficos tradicionales que no le importan a nadie.

El primero: ¿Los unicornios tienen uno o dos cuernos?

El segundo: ¿Es calvo el rey de Francia?

El problema es que los unicornios no existen y que en Francia no hay rey.
Son problemas que plantean la cuestión de «propiedades» de cosas que no existen en el mundo real, aunque sí pueden existir en el mundo literario. Y si algo no existe, ¿puede tener características? Se afirma que si existiera un unicornio, por definición sólo tendría un cuerno pero, ¿si hubiera un rey de Francia sería calvo? Estas discusiones son muy queridas de los filósofos pero... ¿a alguien le interesa?

El tercero: ¿Es blanca la nieve?

Otro tema muy querido por los filósofos. Aún no se han puesto de acuerdo en distinguir entre «concepto», «idea de blanco» y «sensación de blancura». Dejémoslo en que la nieve es blanca por definición, no nos metamos con los filósofos...

El cuarto: El placer, ¿es bueno o no?

No lo sé. ¿Es acaso «buena» una propiedad del placer?

Para saber algo más de estos problemas, y otros muchos más, recomiendo leer 101 problemas de Filosofía, de Martín Cohen, Filosofía-Alianza Editorial.

Pasemos ahora a lo «serio». Traigo un interesante mensaje de mi bandeja de entrada, una historia que seguramente les hará sonreír. Es una historia de brujas y advierto que no quisiera parecer machista por contarla tal y como me ha llegado:

El joven rey Arturo fue sorprendido y apresado por el monarca del reino vecino mientras cazaba furtivamente en sus bosques. El rey pudo haberlo matado en el acto, pues tal era el castigo para quienes violaban las leyes de la propiedad, pero se conmovió ante la juventud y la simpatía de Arturo y le ofreció la libertad, siempre y cuando en el plazo de un año hallara la respuesta a una pregunta difícil. La pregunta era: “¿Qué quiere realmente la mujer?”.

Semejante pregunta dejaría perplejo hasta al hombre más sabio, y al joven Arturo le pareció imposible contestarla. Con todo, aquello era mejor que morir ahorcado, de modo que regresó a su reino y empezó a interrogar a la gente. A la princesa, a la reina, a las prostitutas, a los monjes, a los sabios y al bufón de la corte... En suma, a todos pero nadie le pudo dar una respuesta convincente. Eso sí, todos le aconsejaron que consultara a la vieja bruja, pues sólo ella sabría la respuesta. El precio sería alto, ya que la vieja bruja era famosa en todo el reino por la tarifa exorbitante que cobraba por sus servicios.

¿Qué pasará?

Llegó el último día del año convenido y Arturo no tuvo más remedio que consultar a la hechicera. Ella accedió a darle una respuesta satisfactoria a condición de que primero aceptara la contraprestación: ella quería casarse con Gawain, el caballero más noble de la Mesa Redonda y el más íntimo amigo de Arturo.

El joven Arturo le miró horrorizado: era jorobada y feísima, tenía un solo diente, despedía un hedor que daba nauseas, hacia ruidos obscenos... Nunca se había topado con una criatura tan repugnante. Se acobardó ante la perspectiva de pedirle a su amigo de toda la vida que asumiera por él esa carga terrible.

No obstante, al enterarse del pacto propuesto, Gawain afirmó que no era un sacrificio excesivo a cambio de la vida de su compañero y la preservación de la Mesa Redonda.

Se anunció la boda y la vieja bruja, con su sabiduría infernal, dijo:
—Lo que realmente quiere la mujer es ¡SER LA SOBERANA DE SU PROPIA VIDA!

Todos supieron al instante que la hechicera había dicho una gran verdad y que el joven rey Arturo estaría a salvo.

Así fue: al oír la respuesta, el monarca vecino le devolvió la libertad.

Pero menuda boda fue aquélla, asistió la corte en pleno y nadie se sintió más desgarrado entre el alivio y la angustia, que el propio Arturo.

Gawain se mostró cortés, gentil y respetuoso; la vieja bruja hizo gala de sus peores modales, engulló la comida directamente del plato sin usar los cubiertos, emitió ruidos y olores espantosos.

Llegó la noche de bodas: Cuando Gawain, ya preparado para ir al lecho nupcial aguardaba a que su esposa se reuniera con él, ella apareció con el aspecto de la doncella más hermosa que un hombre desearía ver...

Gawain quedó estupefacto y le pregunto qué había sucedido.

La joven respondió que como había sido cortés con ella, la mitad del tiempo se presentaría con su aspecto horrible y la otra mitad con su aspecto atractivo. ¿Cuál prefería para el día y cual para la noche?

¡Qué pregunta cruel...! Gawain se apresuró a hacer cálculos. ¿Quería tener durante el día a una joven adorable para exhibirla ante sus amigos y por las noches en la privacidad de su alcoba a una bruja espantosa?, O ¿prefería tener de día a una bruja y a una joven hermosa en los momentos íntimos de su vida conyugal?

Ustedes: ¿Qué hubieran preferido...? ¿Qué hubieran elegido?



Pues el noble Gawain replicó que la dejaría elegir por sí misma.

Al oír esto, ella le anunció que sería una hermosa dama de día y de noche, porque él la había respetado y le había permitido ser dueña de su vida.

Y la moraleja, nuevamente pido perdón por el cómico machismo que encierra: no importa si la mujer es guapa o fea... En el fondo, siempre es una bruja.

Y como dejé colgado un problema en el último número, el de la dieta MENSA, voy a dar en primer lugar la solución, aunque supongo que todos habrán dado con ella, bien sea por sus propios medios, bien sea con la ayuda de San Google Bendito.

El caso es que literalmente dije:

... Ha aparecido en varias revistas sin dar la solución, pero ¡sorpresa!, ¡la tiene! Sólo hay que pensar. Ánimo, si no lo consiguen, se lo cuento en el próximo número. Copio literalmente del ya citado libro ¿Es usted un genio?, de Marvin Grosswirth y Dra. Abbie Salny. La respuesta también será la que dan estos autores.

Y eso es lo que voy a hacer, dar la respuesta de los autores a los que desvergonzadamente me atrevo a fusilar. Dicen así el señor Grosswirth y la señora Salny:

«...hay gramocalorías (o calorías pequeñas) y kilocalorías (o calorías grandes). Las primeras se escriben con una c minúscula y las segundas con una C mayúscula, y una kilocaloría, como bien sabemos, es 1.000 veces más que la otra. Un gramo de whisky contiene 3 kilocalorías. Aunque sólo el 10% de la mezcla fuera whisky, ingerimos 60.000 calorías, sólo quemamos 7.400 y seguimos engordando».

Y nada más. Hasta otro día, que ahora viene la parte cómica: la liquidación de impuestos y la declaración de la renta sin hacer.

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Revista Almiar (Madrid, España) - n.º 33 - abril/mayo 2007 (aviso legal)