LITERATURA POLACA
BLANCO-ROJA

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Marcin Kolakowski


Son muy jóvenes y tienen un proyecto: hacer olvidar la época soviética
y reafirmar la identidad cultural de su país.



























Dorota Masłowska nació en 1983 en Wejherowo, Pomerania. Tras abandonar la carrera de psicología en la Universidad de Gdansk se instaló en Varsovia donde estudia en el Instituto de la Cultura Polaca. Por su primera novela (Blanco nieve, rojo Rusia) Masłowska recibió el premio Paszport de la revista Polityka y la nominación al Premio Literario Nike (equivalente al Premio Planeta). Blanco nieve, rojo Rusia ha sido traducida a catorce idiomas, representada numerosas veces en diversos teatros de Polonia y Chequia, y actualmente se está rodando una película inspirada en dicha obra. Su segunda novela, Paw Krolowej ('Pavo de la Reina'), no tuvo tanto éxito. Masłowska colabora desde años con la revista literaria Lampa.


































Marta Dzido (1981) es tanto escritora como directora. Debutó con una mininovela en 2003, pero fue precisamente Małż su primera obra editada (a!art, 2005). Además de ser estudiante de la Universidad de Cinematografía de Lodz, ejerció más de 20 profesiones (en la televisión, agencia publicitaria, como secretaria, profesora, asistenta, traductora, periodista), experiencias que forman la base de su producción literaria y cinematográfica.

Los jóvenes novelistas polacos además de volverse cada vez más poetas son autores muy comprometidos. La mayoría de ellos no se parece a sus antecesores y muy rara vez se alimentan de la herencia literaria de los escritores polacos apreciados. Sus referencias intertextuales son más bien emotivas. En sus novelas introducen las impresiones de la lectura de obras que no suelen influir en la trama. Luchan contra los absurdos del consumismo, contra la manipulación por medio de la publicidad, contra la estupidez en general. No obstante, al mismo tiempo, todo lo que cuentan parece ser muy personalizado, muy íntimo y muy poético, sin pretensiones de objetivismo. Prefieren la exageración y lo grotesco a las formas tradicionales de lucha por medio de la palabra. Son luchas que emprenden valiéndose del monólogo interior y del diario. El narrador auctorial desaparece del escenario literario. Sea bueno o no, los jóvenes polacos redefinen de manera extrema las fronteras entre los géneros en su batalla contra los nuevos modelos sociales que aparecieron con la avenida de la macdonaldización. Se alejan del socialismo por conocerlo demasiado, pero, simultáneamente, rechazan el capitalismo. Todas sus ideas las expresan a través de una épica esencialmente lírica, pero también se sirven de un lenguaje bruto y vivo. Con audacia dan sus primeros pasos en el mundo de la literatura: no empiezan por cuentos sino saltan valientemente al género de la novela. Entre ellos destacan Dorota Masłowska, Marta Dzido, Sławomir Shuty, Agnieszka Drotkiewicz y Michał Witkowski. Como la obra de Dorota Masłowska es la única que ha sido traducida al español, esta serie sobre la vanguardia de la literatura polaca comienza por la presentación de Blanco nieve, rojo Rusia (Mondadori, 2005) añadiendo a este artículo un comentario sobre la novela Małż, de Marta Dzido.

Blanco nieve, rojo Rusia
(DOROTA MASŁOWSKA)

La novela cuenta la historia de Fuerte, un joven polaco de los suburbios que muestra el universo marginal de la Polonia del postcomunismo. El argumento se limita a las aventuras de Andrzej que busca la reconciliación tras romper con su novia Magda.

En un primer momento la novela de Masłowska da la impresión de ser una sátira de la identidad polaca, una burla del consumismo y del lenguaje que se basa en los eslóganes publicitarios. Esta sátira se organiza en torno al concepto más cómico y más exagerado de la novela, el relacionado con los rusos (el título polaco es literalmente Guerra polaco-rusa bajo la bandera blanco-roja). No es fácil averiguar con precisión quiénes son los rusos, pero lo seguro es que se revelan como unos enemigos imaginarios y clandestinos. Encarnan los miedos de los polacos y las contradicciones de nuestra cultura (acerca de la multiculturalidad, Europa y el consumismo).

Esta será la razón por la que Fuerte y sus compatriotas celebran la feria imaginaria del «Día sin ruso», que consiste en que la policía repinte las casas de rojo y blanco, los ciudadanos se vean obligados a rellenar encuestas absurdas y se note la omnipresencia del misterioso Zdzisław Sztorm. Es una guerra. Una guerra que también es la metáfora exagerada de una sociedad atontada por la publicidad y los medios de comunicación y contagiada por el conformismo y por la impotencia. Una sociedad frustrada que anhela poder comprarse una Coca-Cola y unas patatas fritas en McDonald´s y, al mismo tiempo, no quiere verse influida por economías extranjeras. Es una visión bélica de un mundo al revés. Es una alegoría surrealista de la compleja identidad polaca.

No es, sin embargo, sólo la sátira lo que despertó tanto interés entre los críticos. Es sobre todo la forma y el lenguaje de la novela lo que provocó tantas controversias. Porque es una obra bastante «brutal»: la autora no se niega a imitar de manera perfecta el lenguaje bruto de las clases marginales de la sociedad polaca. Bien traducida al castellano por Joanna Orzechowska, que se trata, por cierto, de una traducción de ninguna manera fácil, pierde no obstante mucho de su fuerza sugestiva, de la genial imitación del lenguaje más rico de la calle polaca, un lenguaje influido por la televisión y la publicidad y lleno de redundancias y de una sintaxis novedosa como demuestra este párrafo:

«Y digo yo, y nadie otro, pues le digo a ella yo, que es muy curioso e interesante lo que dice ella. Que en la vida sólo vale ser sí mismo y no ser otra persona. Ella me dice a mí que sí, que también lo ha descubierto».

El reto estilístico de imitar perfectamente el lenguaje de los jóvenes incultos, por más sucio que sea, sirve para crear una voz y un mundo. Voz y mundo que se sustentan en un estilo a trechos inflamado, surgido de la inspiración y la elaboración técnica, y siempre depurado hasta alcanzar cotas de exactitud y capacidad de sugerencia muy personales como en la siguiente descripción de Magda:

«Entra Magda, pero sin Irek. Tiene una pinta como si se hubiera disipado en partículas elementales, el pelo suelto por un lado, el bolso por otro, falda a la izquierda, pendientes a la derecha. Las medias manchadas de barro a la izquierda. La cara a la derecha, le caen lágrimas negras de los ojos. Como si hubiera luchado en la guerra polaco-rusa, como si la hubiera pisoteado todo el ejército polaco-ruso cuando pasaba por el parque. Siento revivir todos mis sentimientos. Toda la situación socioeconómica del país. Es toda ella, es todo lo suyo. Está borracha, está destrozada. Está espídica, está emporrada. Está fea como nunca. Se le caen las lágrimas negras porque su corazón también es negro como el carbón. Su vientre está negro, destrozado. De este vientre va a dar a luz un hijo de color. Una Ángela de cara podrida, con rabo. No llegará lejos con un hijo así. No le dejarán subir en un taxi, no le venderán leche blanca. Se tirará por el suelo negro fuera de la ciudad. Vivirá en invernaderos donde la comerán lombrices, la comerán gusanos. Nutrirá a esta hija con la leche negra de su cuerpo negro.

A nivel estilístico la novela parece tener mucho en común con la poética de sueños. Se trata de una narración en primera persona, una narración onírica y alucinatoria como consecuencia de la omnipresente anfetamina. La autora trata de asemejar el ritmo de la novela al consumo del «speed»: con momentos de enorme excitación y dinamismo seguidos de inactividad y «bajones».

Por fin, es un desfile de personajes más surrealistas: una joven anoréxica y anarquista satánica, una eterna mascadora de chicles o una agresiva que se calma sólo tras tomar drogas son sólo unos ejemplos. Todos estos personajes tienen su estilo propio, sus palabras favoritas y toda una sintaxis específica. Cada uno se sirve de un lenguaje propio, como si fuera el caso de los protagonistas de Virginia Wolf y de su «little language», como este monólogo de Andzela:

«No pienso en ti en concreto porque tú eres distinto, ordenado, simplemente inteligente, ya sabes. Anda, me refiero a esas discoputas, esos discoculos a los que de verdad odio. Mira a tus amigotes. Sólo putas y cabrones que se desean unos a otros. Todas piensan sólo en encontrar un maridito. Eso es una vergüenza total, pedirse sólo un embarazo. Falta de contraconcepción. Pero tú eres distinto, lo noté enseguida. Romántico. Porque yo reconozco que eres de esos. Romanticismo, cariño, paseos a dos, motos, bicis de agua. Eso es lo que me encanta».

Blanco nieve, rojo Rusia, como toda sátira, da una imagen extrema de los problemas que se observan en la Polonia de hoy. Prestando la voz a sus protagonistas y abarcando así, desde la primera persona, el tema de la esquizofrénica identidad polaca. Masłowska, más que describirla, intenta comprenderla.

Małż (MARTA DZIDO)

La Protagonista de Małż —Magda— es una joven en busca de trabajo y de su lugar en el mundo. Tiene buena formación y un currículo interesante, pero lo que le falta son las conexiones y paciencia para jefes que carecen de inteligencia. Cuando logra encontrar puestos, resultan ofender a su inteligencia, lo que provoca su frustración. Ejerciendo varios oficios observa y aplica su espíritu crítico tanto al mundo absurdo que la rodea como a sí misma. Es sincera y sin pretensiones, se describe a si misma como persona «poco amable, maleducada, con adicciones y tetas desmejadas».

En este personaje se concentran todos los problemas de su generación, una generación de jóvenes decepcionados y frustrados por la nueva situación económica, jóvenes que saben funcionar en el mundo capitalista sólo a costa de su frustración. Małż se revela como un grito de esa generación. Un grito crítico, valiente, anticonsumista y lleno de furia. Es un grito que tiene el propósito de animar a la lucha contra la estupidez de la realidad, realidad donde «el primitivismo es superguay». Es, por fin, un grito crítico contra el modelo patriarcal de la familia y la discriminación de mujeres en el mundo laboral.

Małż se inscribe en el corriente de la literatura comprometida, es una defensa de la sensibilidad de personas que no saben encontrar su lugar en el sistema. Da una imagen de lo que provoca el choque de una sensibilidad femenina y emotiva contra el mundo del capitalismo. Además, la novela de Dzido se revela como un levantamiento violento contra el mundo de los guapos hipócritas de la Warszawka [1].

«Y me miran esas putas, esos perfectamente blancos productos de fotoshop. Me miran cuando voy en el autobús. Me miran cuando compro mi revista cada lunes por la mañana, me miran desde esas portadas de colores tan vivos, me miran con una sonrisa de mierda desde los carteles publicitarios, con esos dientes tan blancos: “sé guapa, sé guapa, sé guapa”. Sus sueños tan puros, sus pensamientos tan claros, sus gargantas tan ahogadas cuando intentan decir “polla” y no lo consiguen. (…) Y su ignorancia, su ignorancia. Eso que tanto pone a los hombres. (…) Y observo a esas putas mientras pienso que Matias se pone en contacto conmigo a través de ellas. ¡Sé guapa, sé modosa, sé limpia tanto pa dentro como pa fuera, sé ”fun”, sé “trendy”, sonríete, ten su ”style” tía!

Con un inmenso don de observación, la autora analiza el capitalismo polaco y los motivos por los cuales resulta tan difícil aplicarlo a la realidad en Polonia:

«¡Sonriámonos! En Occidente todo el mundo se sonríe. En Occidente todo el mundo es agradable. Nosotros también somos así. Sonríe, te digo, ¡anda sonríe! Los polacos son algo raros. Se van a Londres a trabajar y no sonríen. Con vosotros no hay “fun”. Con nosotros no hay ”fun”. Desde los principios del colegio nos matan con la guerra, con los alemanes, con Auschwitz, con Katyn. Con nosotros no hay manera de divertirse en plan “fun”. Sujeto de la lección: los poemas de Rozewicz como ejemplo del martirio polaco —niños de diez años con la joroba del martirio, del Dios, de la honra y de la patria, todo a espaldas, los ciento veinticuatro años de la ocupación, los campos de concentración, cámaras de gas. Te cosían, hijo mío, tristes ojos con la sangre roja… pero sonríe. ¡Hay que sonreír!».

Małż, como Blanco nieve, rojo Rusia, es una sátira y también no es sólo el argumento que lo implica porque aquí también la forma y el lenguaje sirven al narrador a la hora de hacer surgir un mundo surrealista y absurdo. La autora se burla del lenguaje de negocios que se ve más y más influido por el inglés, la autora escribe fonéticamente las nuevas expresiones:
- «bodilenguich» (‘bodylanguage’)
-
«imich» (‘image’)
-
«nius» (‘news’).

Dzido es una maestra de las frases cortas y sugestivas, frases que transmiten una enorme gama de emociones. Lo que aún aumenta más el carácter lírico de la novela son los juegos de palabras como este: «La verdadera mujer lleva la ropa interior trescientos sesenta y cinco días por el ano». El titulo mismo es un juego de palabras porque «Małż» en polaco significa mejillón, pero también es la manera inculta te pronunciar la palabra «Mąz» ('marido'), lo que explica el desprecio de la escritora por las mujeres que pierden el tiempo buscando maridos lucrativos en vez de desarrollar sus talentos y aficiones. Porque Małż también es una antinovela de amor donde la protagonista quiere deshacerse del marido en vez de encontrarlo, especialmente si se parece a un mejillón:

«Pues no, yo no quiero escuchar tu música y despertarme junto a un tío que se parece a un guapetón de la canción: de cutis perfecto, agradable, sonriente, tres en uno —padre, hijo y el espíritu santo—. ¿Y yo qué? La madre en la lavadora con la fórmula mejorada —madre, esposa y amante— ¿también tres en uno?».

No obstante, Małż es también la historia de Alicia, la Alicia del País de las Maravillas. De Alicia quince años después. De la Alicia a la que se le rompió el espejo, un espejo que ha sido vendido, metido en un rincón del sótano y que se perdió en el tiempo. Una Alicia que descubre que el mundo real no tiene casi nada que ofrecer a una chica supersensible, sutil, inadaptada y alienada. Porque resulta que este mundo, cuando ese otro imaginario cierre de repente todas sus puertas infantiles a jardines misteriosos, es nada más que rutina gris y realidad mal pagada. Porque resulta que este nuevo mundo, este mundo verdadero, hay que conquistarlo a base de fuerza, y en él no queda espacio alguno para materializar aquello con lo que uno sueña.



[1] Varsovita ('Warszawka') es un término despectivo corriente que se refiere a habitantes de Varsovia que tienen éxito o son pijos y por lo general poco reflexivos.



Marcin Kolakowski,
ha realizado estudios en la Universidad de Viena, Austria (Erasmus), en el Liceo Pemberton, Toronto, Ontario, Canada y en el Liceo Czacki, Varsovia, Polonia. Durante cuatro años realizó una Licenciatura en estudios Interdepartamentarios de Europa Occidental, en Varsovia (Filologías Alemana, Española y Francesa). En 2006 prepara la tesis final para su Licenciatura en Filología (en torno al Monólogo Interior). Desde el mes de agosto de dicho año colabora con la Revista Almiar (Margen Cero).
coueq(at)yahoo.co.uk


Otros artículos de este autor:
Literatura polaca blanco-roja l Entre bancarios y «pijos» (Varsovia, al fondo)




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Revista Almiar / n.º 29 / agosto-septiembre de 2006
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