Caja negra,
de Pablo Sánchez





por Alejandro Tobar


Recuerdo que en una entrevista televisiva a un tal Pablo Sánchez, tras haberle felicitado por la consecución del premio Lengua de Trapo de novela 2005, el presentador del programa le interrogaba acerca de cuáles habían sido sus motivaciones para cursar su candidatura en dicho certamen. «Que no había que gastar ningún dinero; los envíos se hacían por correo postal», decía él. Ahora, meses después de escuchada aquella respuesta entre despreocupada y desganada, he podido adentrarme un poco más en ese mundo suyo por medio de precisamente aquella novela, Caja negra, que es un fenomenal ejercicio de narrativa con una historia que nunca se separa de la Literatura (con mayúsculas).

El argumento que sostiene el libro basa todo su peso en las circunstancias que se desatan tras una acusación de plagio recibida por un escritor llamado Raúl Garay. Con este pretexto, el autor barcelonés, Pablo Sánchez, enmaraña la historia, tanto la que él inventa como la de la Literatura, acercándolas a un campo eminentemente crítico y con frecuencia sarcástico. A lo largo de más de 250 páginas el autor se dedicará, entre otras ocupaciones, a no dejar títere con cabeza; sin embargo, antes de cada uno de estos degüelles figurados habrá de explicar las razones que le llevan a ello, y gran parte de las veces estas explicaciones no admiten atisbo de duda, por lo que el lector aceptará resignado que lo que tal vez hayan sido sus referentes literarios caigan, sin más. Ataca, a veces con sutileza y a veces con brusquedad, a personajes variopintos que la historia ha encumbrado, bien dentro del mundo de la literatura o bien dentro de la crítica literaria: desde Harold Bloom hasta Azorín, desde Lorca hasta Proust, desde Vallejo hasta Céline... Salva, eso sí —aunque no siempre—, a otros como Borges, Cioran, Conan Doyle (puntualizando antes su discordancia con la consabida ginefobia del escocés) o Sábato, autor este último con el que, dicho sea de paso, parece existir una clara similitud —a decir verdad la similitud se puede establecer en general con la literatura hispanoamericana, desde luego mucho más que con la española o las europeas—. Esta similitud que aquí se menta con el autor de Entre héroes y tumbas o Yo y el universo está precisamente en la forma de narrar; algo que se aprecia con tan sólo echar un vistazo tanto a El túnel, novela con la que Caja negra comparte un mismo punto de declive anunciado, de maligna irrevocabilidad. ¿Pura casualidad o producto del denominado valor de las lecturas, del que por cierto creo que era el mismo Harold Bloom quien hablaba?, ¿puede que incluso plagio? Estas cuestiones podrían estar dentro de este libro del que aquí se habla, pues, en el fondo, el debate que suscita es en cierto modo ése: ¿La escritura como creación o como descubrimiento, como originalidad o como mimesis?

Las formas narrativas de este escritor catalán traslucen una rabia que se funde con la ironía, o puede que además de con éste (el humor), también con la ironía, ¿estamos, por lo tanto, hablando de rabiosas greguerías? A menudo tendrá la impresión el lector de estar frente a una parodia, una parodia ecléctica que se burla indistintamente de uno y otro polo: Proust / Joyce; Madrid / Barcelona; Ultracatólicos / Comunistas, y así un largo etcétera. Desde luego, pocos estamentos escapan de esta divertida rabia narrativa. De esta vorágine forman parte entre otros el mundo de la psiquiatría (con Marx o Junge) y el de la crítica literaria (el triplemente mencionado Harold Bloom o sin ir más lejos los académicos o los profesores universitarios).

El título, Caja negra, lo desvela el propio autor cuando dice «forma extrema de la supervivencia del recuerdo», ya que para él la personalidad se forja a partir de la capacidad de recordar, algo que entronca perfectamente con el que ya se ha dicho es el tema principal: la escritura como creación o como paráfrasis (plagio).

Puede parecer esta reseña una especie de batiburrillo en el que se nombran un buen número de autores y nociones pero en el que no se llega apenas a entrar en materia, y puede que sea así, pero puede ser también que precisamente por esa cuantiosa cantidad de críticas, de nombres, de ideas que Pablo Sánchez, quien apenas cuenta con 36 años, deja registradas en esta «caja negra», resulte complicado no imitarle o incluso citar textualmente sus propuestas cuando se trata de comentar su magnífica y muy completa novela, que sin duda el lector experimentado agradecerá tener en sus manos.


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Alejandro Tobar Salazar (Lugo, España, 1983), Ganador del concurso de Relatos de Verano 2005 de la Voz de Galicia. Accésit en el IV certamen de poesía Lucus Augusti 2006. Un 2º Premio en el Contacontos 2003, organizado por la Xunta de Galicia, por su guión Nin tanto nin tan pouco, 6.º premio en el I certamen Ribeira Sacra literaria 2006, mención de honor Cuentos de navidad, de la revista Emol; ha publicado poemas, reseñas y artículos en revistas literarias y diarios como Arteliteral, Literaturas.com, El Progreso de Lugo o la editorial Galaxia. Tras cinco años de estancia en Madrid, actualmente reside en Marsella, Francia. Colaborador habitual de la Revista Almiar / Margencero.

alejandro_tobar[at]hotmail.com

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