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Este poeta norteamericano (Massachusetts,
1894-1962) fue uno de los cultivadores de las vanguardias en todos sus
aspectos, desde los propios títulos de sus textos, como es el caso de su
CIOPW (iniciales en inglés de los materiales empleados en la realización del
libro) hasta los propios dibujos o la extraña disposición de las palabras
sobre el folio, pasando por los temas analizados o el léxico (jerga y
neologismos).
Se le considera como uno de los autores, como digo, más
experimentales e innovadores del siglo pasado, pero no ha sido siempre así.
Cummings ha sido un autor golpeado duramente por la crítica, en muchas
ocasiones incapaz de entender sus formas e intenciones.
Dice un crítico italiano, Franco Buffone, que «entender
la poesía de Cummings significa esforzase ante todo por entrar en la
personalidad del autor». Y es bien cierto. Hay un dato curioso: pese al
claro antipopularismo de su obra, Cummings se ha convertido en uno de los
autores preferidos del público. El norteamericano carga sus poemas de un
palpable sarcasmo, no tanto de ironía, aunque no deja de estar latente. Se
dice de sus poemas que están fragmentados y que lleva el texto al máximo
grado de experimentación, de expresividad, de grafismo.
Cummings atiende al contenido de las palabras, no al
continente. Posee un estilo que difícilmente encajaba en los cánones y
directrices regentes en la primera parte del siglo XX, en Estados Unidos, un
país que nos ha dejado autores necesariamente aludibles cuando «vanguardias»
es el tema; casos, por ejemplo, de Dos Passos o Pound (ambos amigos suyos).
Aunque cada cual en su estilo, porque está claro que cada uno tiene su
peculiar e intransferible forma de extrapolar al texto el mundo que
observan, Cummings, sin duda, lo hace con maestría.
Su poesía es internacionalmente conocida, no así una
nóvela-ópera prima que narra una experiencia propia en plena guerra mundial.
«La habitación enorme» es su título y ya ahí deja Cummings un sello
claro de lo que serán sus derroteros literarios.
Mi especialidad es vivir – era la leyenda
de un hombre (que no tenía rienda
porque no estaba en venta)
mirar a la derecha – replicaban en un segundo
dos billones de ladillas en el fondo
de unos calzoncillos (moribundo)
(Poema de Cummings. Traducción propia)
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Alejandro
Tobar Salazar
(Lugo - España, 1983), Ganador del concurso de Relatos de Verano 2005 de la
Voz de Galicia. Accésit en el IV certamen de poesía Lucus Augusti
2006. Un 2º Premio en el Contacontos 2003, organizado por la Xunta de
Galicia, por su guión Nin tanto nin tan pouco, 6º premio en el I
certamen Ribeira Sacra literaria 2006, mención de honor Cuentos de
navidad, de la revista Emol; ha publicado poemas, reseñas y artículos en
revistas literarias y diarios como Arteliteral, Literaturas.com, El Progreso
de Lugo o la editorial Galaxia. Tras cinco años de estancia en Madrid,
actualmente residiendo en Marsella, Francia. Colaborador habitual de la
Revista Almiar / Margencero.

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